Wednesday en Madrid 26

Wednesday en Madrid: Cuando el ‘country-gaze’ deja de ser una etiqueta para convertirse en una apisonadora

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Foto: Will Bonniker

Wednesday en Madrid: Cuando el ‘country-gaze’ deja de ser una etiqueta para convertirse en una apisonadora

Si hay una banda capaz de definir el sonido de la guitarra americana en esta década, esa es Wednesday. Olvida las etiquetas fáciles. Lo que Karly Hartzman y los suyos traen a Madrid no es solo shoegaze, ni country, ni grunge. Es una amalgama ruidosa, visceral y profundamente literaria que ha logrado algo que parecía imposible: que el lap steel suene peligroso y que las historias de la América profunda retumben con la fuerza de una tormenta eléctrica en una sala de la capital.

Su próxima visita a Madrid llega en un momento crucial. Ya no son el «secreto mejor guardado» de Asheville, Carolina del Norte. Ahora son gigantes del circuito indie, una banda que ha crecido a base de carretera, amplificadores al 11 y una honestidad brutal. Vienen a demostrar por qué, en un mundo de producciones limpias y autotune, el ruido sigue siendo la forma más pura de emoción.

El ruido como herramienta narrativa

Lo primero que hay que entender antes de entrar a un concierto de Wednesday es que el volumen es un instrumento más. No tocan alto por el simple hecho de molestar; tocan alto porque sus historias lo requieren.

Karly Hartzman escribe sobre la decadencia, sobre esquinas sucias, sobre sobredosis en aparcamientos y sobre el aburrimiento suburbano con una precisión casi novelística. Y para acompañar esas letras, la banda construye muros de sonido impenetrables. En directo, esta dinámica es física. Canciones que en el disco suenan densas, en vivo se convierten en experiencias corporales.

El papel de Xandy Chelmis al lap steel es fundamental aquí. Lejos de usarlo para crear atmósferas bucólicas de country tradicional, lo pasa por pedales de distorsión hasta convertirlo en una sierra mecánica melódica. Es ese sonido —chillón, envolvente y melancólico— el que define la identidad de Wednesday y el que hace que su directo sea algo único. En Madrid, prepárate para sentir cómo esas frecuencias te atraviesan el pecho.

La sinergia Hartzman-Lenderman: Química sobre el escenario

Es imposible hablar de Wednesday sin mencionar la figura de MJ Lenderman. Convertido ya en un icono del indie rock por derecho propio con su carrera en solitario, su papel en la banda sigue siendo esencial. Verle a la derecha del escenario, con esa actitud de «slacker» engañosa, soleando y creando texturas que dialogan con la voz de Karly, es uno de los grandes placeres de la música actual.

La química entre ellos es el motor de la banda. No es una competición de egos, es una conversación a gritos. Karly lidera con una voz que puede pasar del susurro confesional al alarido desgarrador (quienes hayan vivido el final de “Bull Believer” saben de lo que hablo) en cuestión de segundos, mientras la banda la sigue al precipicio sin dudarlo.

En este concierto en Madrid, veremos a una maquinaria perfectamente engrasada. La sección rítmica es una apisonadora que sostiene todo el caos, permitiendo que las guitarras vuelen libres. Es rock de garaje elevado a la categoría de arte, ejecutado por músicos que parecen haber nacido con el instrumento colgado al cuello.

Bleed confirma todo apuntado: Una banda en evolución constante

Si su disco Rat Saw God (2023) fue el puñetazo en la mesa que los puso en el mapa mundial, lo que traen ahora es la confirmación de que no fue casualidad. En 2025, Bleed mostró la evolución de Wednesday. Han sabido incorporar matices, jugar con los tiempos y perfeccionar esa mezcla de melodía pop y distorsión abrasiva.

El repertorio que traen a Madrid es un recorrido por esa América gótica y extraña que tan bien retratan. Habrá momentos para el pogo, sí, pero también habrá momentos para la escucha atenta. Porque detrás del ruido hay composiciones pop perfectas, estribillos que se te pegan y melodías que, si las desnudaras de distorsión, podrían ser clásicos del country de los 70. Esa es su magia: ser capaces de ser los Smashing Pumpkins y Lucinda Williams al mismo tiempo, en la misma canción.

¿Por qué Madrid necesita este concierto?

Madrid es una ciudad que siempre ha recibido con los brazos abiertos el rock de guitarras, pero Wednesday juega en otra liga. No es un concierto para nostálgicos de los 90, aunque sus influencias estén ahí. Es un concierto para quienes necesitan sentir que el rock sigue vivo, mutando y mordiendo.

  1. Por la intensidad: Es difícil encontrar hoy en día una banda que se deje la piel de esa manera. Karly canta como si le fuera la vida en ello, y eso se contagia.

  2. Por el sonido: Si te gusta el shoegaze, el noise o simplemente el sonido de una guitarra rompiéndose, este es tu lugar.

  3. Por la autenticidad: No hay pregrabados, no hay coreografías, no hay impostura. Son cinco personas haciendo el mayor ruido posible para exorcizar demonios.

El juicio final en una sala de conciertos

Asistir a un concierto de Wednesday es, en cierto modo, asistir a una demolición controlada. Sabes que vas a salir con los oídos zumbando (los tapones de alta fidelidad son recomendables, no nos engañemos) y con la sensación de haber presenciado algo importante.

No vienen a Madrid a complacer ni a tocar bonito. Vienen a contar historias de extrarradio, de amores rotos y de carreteras secundarias, y lo hacen con la fuerza de un huracán. Si alguna vez te has preguntado qué pasa cuando mezclas la tristeza del country con la violencia del noise rock, la respuesta estará sobre el escenario. Y te aseguro que la respuesta es ensordecedora.

No dejes que te lo cuenten. Dentro de unos años, cuando encabecen festivales masivos (si es que no lo hacen ya), podrás decir que los viste en una sala de Madrid, sudando y gritando como si no hubiera un mañana.

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