The Last Dinner Party Madrid

The Last Dinner Party en Madrid: Cuando el hype está justificado y el barroco conquista la capital

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The Last Dinner Party Madrid
Foto: Drew de F Fawkes

The Last Dinner Party en Madrid: Cuando el hype está justificado y el barroco conquista la capital

Hablemos claro: en el mundo del indie actual, dominado a veces por la pose desganada y el lo-fi de dormitorio, la aparición de The Last Dinner Party ha sido como un tortazo de realidad envuelto en terciopelo. Se ha hablado mucho de ellas —quizás demasiado— antes incluso de que tuvieran un disco en la calle. Que si «industry plant», que si demasiado marketing… Pero cuando las luces se apagan y Abigail Morris pisa el escenario, todo ese ruido de fondo desaparece. Lo que queda es una banda de rock mayúscula.

Su llegada a Madrid no es una fecha más en el calendario de conciertos internacionales. Es la oportunidad de testear en directo a un grupo que se encuentra en ese punto dulce y fugaz de su carrera: el momento exacto en el que dejan de ser la «gran promesa» de la prensa británica para convertirse en una realidad aplastante. Vienen a demostrar que el hype, esta vez, se quedaba corto.

Más que un concierto, un manifiesto estético

Quien haya seguido la estela de The Last Dinner Party sabe que su propuesta va mucho más allá de las canciones. Asistir a uno de sus directos es entrar en un universo propio, meticulosamente construido, donde la estética no es un adorno, sino parte del mensaje.

No estamos hablando simplemente de cinco músicas tocando sus instrumentos; hablamos de una performance que recupera la teatralidad perdida del rock. Hay ecos de la grandilocuencia de Queen, la narrativa visual de Kate Bush y la elegancia decadente de la literatura romántica. Su directo es un ritual. Y como en todo ritual, la indumentaria y la actitud importan. Ellas salen a matar, vestidas como heroínas de una novela victoriana pasadas por el filtro del Londres moderno, y lo mejor es que su público ha aceptado el juego: sus conciertos se llenan de fans que replican esa estética, creando una comunión visual entre pista y escenario que rara vez se ve hoy en día.

Madrid, una ciudad que siempre ha tenido debilidad por lo nocturno y lo dramático, es el escenario perfecto para este despliegue. Se espera sudor, se esperan corsés y se espera, sobre todo, una energía desbordante.

La madurez del segundo asalto: Expandiendo el universo

Llegan a Madrid para defender From the Pyre, su segundo trabajo de estudio, ese disco que ha venido a callar bocas y a demostrar que su talento compositivo no era flor de un día. Si Prelude to Ecstasy fue el estallido eufórico y juvenil, este nuevo repertorio nos presenta a una banda mucho más segura, que ha sabido digerir el éxito para explorar matices más oscuros y complejos.

Ya no dependen únicamente del impacto inmediato de hits como “Nothing Matters” —que por supuesto, sigue siendo el momento cumbre de catarsis colectiva—, sino que ahora cuentan con un arsenal de canciones más sofisticadas. En directo, los temas nuevos dialogan de tú a tú con los del debut, creando un setlist que ya no se siente como una carrera de velocidad, sino como un viaje con sus valles y sus picos emocionales.

Veremos cómo Abigail Morris y las suyas entrelazan la frescura de sus inicios con esta nueva etapa de experimentación sonora, donde los arreglos orquestales y las guitarras de Emily Roberts han ganado en peso y dramatismo. Es la prueba de fuego superada: han evitado repetirse y han logrado que su sonido crezca sin perder esa esencia teatral que las hizo únicas.

El fin de la ironía: La vuelta de la emoción sin filtro

¿Por qué importa tanto este concierto en Madrid? Porque The Last Dinner Party representa un cambio de paradigma. Durante años, cierta parte de la escena indie se ha escudado en la ironía, en el «no me importa demasiado», en cantar mirando al suelo. Ellas hacen todo lo contrario.

Su propuesta es de una sinceridad radical. Se toman muy en serio lo que hacen. Hay drama, hay pasión desmedida y hay una vulnerabilidad expuesta que conecta de inmediato con el espectador. No tienen miedo a ser «demasiado». Demasiado intensas, demasiado ruidosas, demasiado teatrales. Y en un mundo gris, ese color saturado es adictivo.

Su paso por Madrid es la confirmación de que el público estaba hambriento de este tipo de figuras. Artistas que entiendan el escenario como un púlpito y el concierto como una experiencia catártica. Ellas no vienen a cumplir el expediente; vienen a dejar huella, a conquistar y a llevarse un trozo de la ciudad con ellas.

Una cita para decir «yo estuve allí»

Hay conciertos que se disfrutan y se olvidan, y hay otros que se quedan grabados en la memoria colectiva de una ciudad. Todo apunta a que la visita de The Last Dinner Party estará en el segundo grupo.

Estamos viendo el ascenso en tiempo real de una banda que apunta a estadios. Verlas ahora, en una sala, con esa cercanía y esa electricidad que solo se da antes de que un grupo se vuelva inalcanzable, es un lujo. Madrid está preparada para recibir su «preludio al éxtasis». La pregunta no es si la banda estará a la altura, porque ya sabemos que lo están. La pregunta es si nosotros estamos preparados para la intensidad que se nos viene encima.

Prepara tus mejores galas (literales o metafóricas), porque la cena está servida y promete ser un banquete inolvidable.

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