La Estrella de David y Rachid B en MAZO Madriz

La Estrella de David y Rachid B en MAZO Madriz: la alternativa al ruido

Dos de las trayectorias más singulares en la escena alternativa nacional confluyeron en la sala El Sol de Madrid dentro del ciclo MAZO Madriz
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La Estrella de David y Rachid B en MAZO Madriz

La Estrella de David y Rachid B en MAZO Madriz: la alternativa al ruido

Dos de las trayectorias más singulares en la escena alternativa nacional confluyeron en la sala El Sol de Madrid dentro del ciclo MAZO Madriz

Aunque la ingente oferta festivalera, sobre la que algunos ya atisban signos de agotamiento, todavía opaque muchos otros eventos musicales, si miramos un poco más allá encontramos propuestas más interesantes.

Entre ellas está MAZO Madriz, un ciclo de conciertos que se celebra en distintas salas de Madrid y reúne durante varios meses a artistas nacionales e internacionales de la escena independiente, alternativa, rock, folk, electrónica y otros géneros.

Música en las salas de Madrid

Su cualidad más especial, compartida con otros ciclos como Sound Isidro, es que sus conciertos se reparten por salas como La Riviera, El Sol, Siroco, Wurlitzer Ballroom, Clamores y muchas otras de la capital, acercando la música a muchos puntos de la ciudad.

La cuidada, variada y, en suma, excelente programación suele extenderse durante varios meses, con música en vivo para todos los gustos, y permite que propuestas más alternativas y emergentes sean accesibles para todo tipo de públicos. Todos salimos ganando. ¿Qué más podemos pedir?

En la noche del pasado 10 de septiembre acudimos a la Sala El Sol para encontrarnos con dos propuestas muy particulares, con historias y trayectorias muy diversas.

Rachid B: la belleza de lo esencial

La Estrella de David y Rachid B en MAZO Madriz

De Rachid B, artista marroquí afincado en Madrid desde hace muchos años, y de la belleza de su disco Al Ghorba ya os hablamos aquí al destacarlo como disco del mes en octubre del pasado año.

Durante poco más de media hora, nos ofreció sus canciones en modo acústico, despojadas de esa pátina electrónica que, de forma tan elegante como discreta, viste su folk. Aunque las canciones pierden algo de fuerza, mantienen el encanto y conservan esa capacidad que tiene el cantante africano para transmitir la nostalgia y la sensibilidad que emanan de unos versos cantados en árabe. Ininteligibles para la mayoría de nosotros y, aun así, poderosos.

Es la magia de una voz delicada y cautivadora y de unos dedos que pasean descalzos por el nailon de su guitarra.

Cuando el público también forma parte del concierto

Y, por una vez, el público escuchando en un sobrecogedor y sepulcral silencio, roto solo por los aplausos y por ese hípster necio y sus tres amigas, apostadas en la esquina de la barra más cercana a la puerta de la sala, que se pasaron las últimas canciones charlando de sus cosas sin molestarse en bajar la voz.

Son los tiempos de hoy, en los que hasta los conciertos de los artistas emergentes se llenan de gente que solo busca estar ahí. Gente cuya vacua existencia se realiza presumiendo de su anodina y molesta presencia y publicando posts por los que solo pasan sus cuatro amigos.

Gente a la que llena más llamar la atención durante esas décimas de segundo empleadas en conseguir un like que disfrutar de la experiencia.

La Estrella de David: canciones, ruido y público distraído

Sorprendentemente, el fenómeno empeoró durante la hora de concierto ofrecida por La Estrella de David, el proyecto de un histórico del indie español, David Rodríguez, cuyo público no es precisamente el más joven de la escena alternativa.

Exceptuando a aquellos fans acérrimos que cantan las canciones de su reciente Máximo, disco que presentaban y que conformó gran parte del repertorio, la mayoría de los presentes en la sala estaban a otra cosa: escuchándolo de fondo y hablando en voz alta. Olvidando que lo que sonaba era una actuación en vivo y no la música pinchada por un DJ.

Ciertamente, tampoco ayudó la voz de David, que sonó bastante limitada, pese a que el sonido, algo saturado al principio, mejoró hasta mostrar una banda perfectamente engrasada.

El quinteto no ofreció una actuación deslumbrante, ni tampoco parecía buscarlo, sino divertir al personal. Y lo cierto es que lograron su objetivo con eficiencia.

Siempre hay gente que prefiere escuchar

Con las luces de la sala indicando el final del evento, se veían muchos vinilos en manos del público subiendo las míticas escaleras que llevan a la calle Jardines.

Eso es, sin duda, una esperanzadora noticia y una sólida prueba de que, en medio del ruido, siempre hay gente que prefiere escuchar.

 

2 comments
    1. Tal cual. Está muy extendido y se ve como la nueva normalidad. Ya no son los festivales, es que la gente va a las salas a encontrarse, charlar y tener cosas que contar en redes sociales.

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