El susurro de Jeff Tweedy en el centro de Madrid
El líder de Wilco presentó en la capital su elogiado nuevo álbum, Twilight Override (2025), acompañado de una notable banda de veinteañeros entre los que se encontraban dos de sus hijos
Como aquel que sabe que ha tocado fondo y ha salido a flote en muchas ocasiones, el concierto de anoche de Jeff Tweedy en el Teatro Eslava de Madrid, sonó, de alguna manera, como una misa de conjura. Una misa en la que el sacerdote de la congregación mostraba uno a uno cada salmo a sus fieles, a la vez que hacía participe de tan magno espectáculo a la cantera que ya ha comenzado, poco a poco, el relevo de su pastor.
El bueno de Jeff lanzó el pasado septiembre el que es su quinto disco en solitario, Twilight Override, un triple trabajo, de casi dos horas de duración, que muestran a las claras que Tweedy está por encima de cualquier moda, y que fuera del paraguas de la gran banda que es Wilco, se permite aún más licencias artísticas de las que florecen con los de Chicago.
Pausado, sosegado, delicado, casi como el que acaricia el terciopelo de una cortina anaranjada al fondo del escenario. Así se contemplaba este disco antes de su ejecución en directo. Y así se comenzó a desarrollar desde los primeros acordes de un espectáculo que arrancó con exquisita puntualidad y se alargó durante más de una hora y media, en un nuevo ejercicio de generosidad en el que predominaron las canciones de su nuevo disco, acompañado de otras piezas de su ya prolongada trayectoria como solista.
El silencio ensordecedor de un público y para un artista de culto
«One tiny flower» fue la encargada de arrancar un recital en el que el único sonido ambiente recurrente fue el de las botellas de cerveza sonando desde las barras. El silencio absoluto de toda la Joy –siempre la llamaré así- asustaba a los más viejos del lugar, que con una edad media avanzada, volvían a otorgar esperanza a esto de ir a ver y escuchar conciertos. Aunque es cierto que el protagonista -de culto- de la noche acompañaba a ello, últimamente, no es una ecuación que se cumpla con asiduidad, así que no está de más, tampoco, ponerlo en valor.
Y allí estaba el respetable, embaucado ante las tonadas del trovador de Illinois, acompañado de la juventud insultante de una formación que ejecutó a la perfección el plan encomendado: sin protagonismos desmesurados –tampoco para el frontman-, con elegancia y tesón, y con la precisión quirúrgica que exigían los cortes más delicados del repertorio. La rienda suelta –sin pasarse- que permitían otras canciones, fueron aprovechadas con igual ahínco y medida por los hermanos Tweedy y compañía, en lo que por momentos parecía la excursión a la que te vas con el padre enrollado de tu amigo.
Un largo paseo por Nashville, asomándose de refilón al más puro aroma Wilco, pero diseccionando su obra como propia, le llevó a pasarse por su antecesor Love is the King (2020), por el seminal Sukirae (2014), grabado junto a Spencer -esta noche a la batería- y hacer un mínimo guiño al Warm y Warmer (2018 y 2019 respectivamente). Como un rio violentamente caudaloso iban brotando las canciones: la hermosura de «Stray cats in Spain», o la liberadora «Feel free» fueron avanzando el final animado de «Lou Reed was my babysitter».
Cuando se ponen las cartas sobre la mesa acaban ganando los de siempre
Y es que aun quedando un generoso bis de cuatro canciones, lo que Jeff Tweedy y su banda corroboraron con su inmaculada actuación es que, si es buena, la propuesta no exige de grandes y exitosas canciones. Como ya ha demostrado a lo largo de su carrera –mucho más con Wilco-, puedes obtener una media de sobresaliente sin hacer los mejores exámenes de la clase.
En tiempos en los que los trabajos de marketing y publicidad recogen los premios más prestigiosos de la industria, la vieja guardia demuestra que a la música de verdad, la de toda la vida, y tan bien hecha, no le gana nadie.
Nos vemos pronto, Jeff.


1 comment
Excelente análisis! Fue un concierto espectacular y me ha ayudado a revivirlo