Madrid conoció, por fin, la Dolce Vita de Amaral

Madrid conoció, por fin, la Dolce Vita de Amaral

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Madrid conoció, por fin, la Dolce Vita de Amaral
© Foto Javier de la Rosa

Una celebración de todos los años de amor que les une a su público

Han vendido millones de discos y recibido numerosos premios. No hay duda de que sobran las palabras cuando hablamos de ellos: del dúo zaragozano Amaral, cuya música forma parte inherente de recuerdos vividos y situaciones vitales de la gran mayoría del público español —y del resto del mundo—.

Cuando anunciaron el que sería su noveno disco, eché la mirada atrás: han pasado la friolera de 28 años. Dolce Vita nos regala una versión renovada de lo que ya conocemos de Amaral. Se aferran, una vez más, a contar en voz alta lo que les preocupa, lo que les hace felices, lo que les causa pena y dolor; a gritar injusticias. Dolce Vita habla de la belleza y la dulzura de vivir, y se han agarrado a esa dulzura para soportar los momentos no tan dulces, que tampoco esconden en el álbum.

El 19 de julio, el Movistar Arena recibió a Eva y Juan lleno hasta los topes. No ocultaron su alegría de estar esa noche con todos nosotros y, en más de una ocasión, ayudados por las letras de sus canciones, hicieron preciosas referencias a ese público que tanto les cuida, mima y sostiene —como Juan confesó en una reciente entrevista—.

Como si una ninfa gótica apareciera sigilosa y lentamente sobre el escenario, Eva Amaral bajó las escaleras enfundada en una capa negra, muy acorde con la estética de la portada de Dolce Vita. Y fue precisamente la canción homónima del disco la que abrió las dos horas de concierto, que se pasaron en un suspiro.

Prometieron tocar las 15 canciones de este doble álbum, en el que han recreado la naturaleza más primitiva: llena de vegetación y virgen de peligros, escogiendo unos sonidos donde tiene protagonismo la percusión. Miriam Moreno y Laura Sorribas hicieron magia en el escenario del otrora Palacio de Deportes, llevando la batuta en las percusiones y en los instrumentos de viento y cuerda, que se escuchaban alto y claro, sin perder el equilibrio con la voz de Eva. Así, “Rompehielos” y “Mares igual que tú” enlazaron a golpe de tambor, y “La unidad del dolor” sonó vibrante.

Este cariz puro que han dado a su sonido responde al anhelo de habitar un paraíso donde ser libres, donde empezar de cero, algo que tanto Eva como Juan han perseguido durante el tiempo en que se ha gestado el álbum. Las nuevas canciones traspasaron huecos ya habitados, pero de forma distinta. Como ese “Viernes Santo”, donde el juego era adivinar qué es realidad y qué es ficción en la letra que va narrando lo que pasa un viernes santo; o “Ahí estás”, con unos reconocibles teclados y melodía de la carrera del dúo, ahora reinventados.

El juego de luces y los visuales estuvieron muy acordes al tapiz litúrgico pintado en Dolce Vita: lanzarse sin pensar al río eterno, el tesoro que nadie nos puede arrebatar y que nos salvará, y la flor que nace partiendo en dos el asfalto. Los efectos visuales prolongaron lo que Eva y Juan proyectaban ya con su sola presencia y sus instrumentos.

Paisajes en lugares perdidos y naturaleza viva se proyectaban en la pantalla central del escenario para acompañar a canciones como «Dolce Vita» o “Pájaros”. Clips de Eva bailando en estado puro, como en “Hasta que la música acabe”. Estallidos de confeti aparecieron en la primera media hora del show, extasiando a los asistentes.

Una poderosa Eva, subiendo a las alturas, dominaba a vista de pájaro a todos los presentes en “En el centro de un tornado”. Junto al preciosista homenaje que le hicieron a Víctor Jara en “Podría haber sido yo” catapultaron el concierto en dos momentos clave de la misma noche. La canción dedicada al multitalentoso artista chileno —muerto en injustas circunstancias— tuvo como prólogo un vídeo cedido para la ocasión, en donde el cantautor interpreta “Te recuerdo Amanda”.

Madrid conoció, por fin, la Dolce Vita de Amaral
© Foto Javier de la Rosa

 

Seguidamente, se vivió un momento de máxima intimidad, en el que toda la banda se reunió junta en el escenario a modo de tablao. También se reivindicó la muerte injusta provocada por la violencia patriarcal, y Eva dedicó, visiblemente emocionada, “Salir corriendo” a todas aquellas mujeres que están saliendo de ese horror y a las que no pudieron hacerlo.

No sería un concierto de Amaral sin los hits de los de Zaragoza. Guardaron muy fuertemente para el final “Marta, Sebas, Guille y los demás” o “El universo sobre mí”, mientras que fueron soltando, en pequeñas pildoritas, algunas míticas como “Moriría por vos”, “Sin ti no soy nada” o “Días de verano” —diría que una de las que más emocionaron en toda la noche—.

Y es que ya son casi tres décadas de himnos generacionales los que llevan orgullosos a sus espaldas. Nunca han llegado a tener una canción en boca de otro artista, pese a que les surgieron ocasiones de componer para otros, porque no podían desprenderse de ellas. Les entendemos en el porqué no pudieron.

La gira de Dolce Vita sigue este verano. Por lo pronto, estarán en el Menorca Music Festival el próximo 30 de julio. Todas las fechas las podrás encontrar en su página oficial.

 

 

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