Kalorama 2025

Kalorama 2025: canciones que desafían a las tormentas

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Pet Shop Boys Kalorama 2025

Kalorama 2025: canciones que desafían a las tormentas

No hay trueno que pueda con el sonido de una canción. Hace dos años, en la jornada inaugural del Primavera Sound Madrid, Pet Shop Boys se sobrepusieron a un aguacero considerable.

Por eso, cuando instantes antes de su actuación en el Kalorama 2025 de Madrid el cielo se cubrió de nubes gris oscuro, casi negro, densas e iluminado por rayos, es probable que no temieran una cancelación.

Los allí presentes sí lo pensamos, pero la organización —en una decisión sensata, respaldada por la experiencia del año anterior—, decidió retrasar el comienzo hasta estar seguros de que no había peligro.

Afortunadamente, los rayos de Zeus y los truenos de Thor pasaron de largo y descargaron su rabia en otras zonas del municipio en las que también se celebraban conciertos, como el Botánico. Para los presentes en el recinto del barrio de San Fermín, todo quedó en un susto menor.

Con todo, el retraso en el inicio se prolongó durante 49 minutos eternos —difíciles de justificar—, que quedaron en el olvido tan pronto sonaron los acordes de “Suburbia”, tema que encabezó una sucesión apabullante de canciones.

Y es que el dúo de Londres, que se conoció en una tienda de electrónica y no de mascotas, posee una formidable lista de hits, una de las más extensas de la historia de la música moderna. Con ese repertorio, que obvió su último álbum Nonetheless (abril 2024), el triunfo está garantizado para el artista y para el evento. 

La medida del éxito

Es difícil medir el éxito de esta edición del Kalorama, en la que la música y los artistas han demostrado estar por encima de un cartel que generó expectativas limitadas e, incluso, un cierto escepticismo.

La afluencia de público —unas 10.000 personas en los dos días, según la organización—, estuvo por debajo de lo esperado, con toda probabilidad. Esto se tradujo, sin embargo, en una gran comodidad a la hora de moverse por un recinto de tamaño reducido, sin colas y, lo más importante, excelente visibilidad en todos los conciertos.

La ausencia de solapes —algo muy de agradecer— mejoró notablemente una experiencia enriquecida por un sonido excelente con una sola mácula: el volumen. El segundo escenario, sin ser excesivo, atronó en varios momentos. En el principal, en cambio, sonó perfecto excepto en dos actuaciones.

La bajada de volumen experimentada por The Flaming Lips durante su actuación del viernes fue evidente, aunque corregida parcialmente durante la misma. La que sufrieron Pet Shop Boys persistió durante toda la actuación.

 El orden de los factores

Esta es quizá la otra objeción a una selección de artistas que estuvo muy por encima de lo esperado. El orden de los factores, a veces, sí altera el producto.

Resulta extraño, en una jornada como la del sábado, pasar de una representación bizarra, estrambótica, algo excesiva pero muy divertida de los americanos Model/Actriz, a una llena de delicadeza y buen gusto como la de María Arnal.

De los ritmos frenéticos, con carreras y paseos del cantante entre el público, a un espectáculo melódico, con danza coreografiada y una medida interpretación vocal.

De ahí pasamos a la nocturna electrónica de Boy Harsher, todavía con la luz de un día cada vez más gris, que antecedió a los Pet Shop Boys. Y, por último, el retrasado cierre con Azealia Banks y Scissor Sisters.

En la jornada del viernes, los franceses L’Imperatrice desgranaron sus ritmos de bailes durante la medianoche, a la hora adecuada. Pero, varias horas antes, el dream pop y el pospunk de La Plata sufrieron las inclemencias del rey Sol que, sin embargo, no deslució una actuación notable. Tampoco la del sorprendente y animado recital de los canadienses Badbadnotgood.

En cambio, agradecimos la adelantada actuación de la cabeza de cartel, Jorja Smith, tan agradable de escuchar como intrascendente y desconectada de cualquier emoción.

The Flaming Lips ofrecieron un concierto sólido, centrado en un solo disco (Yoshimi Battles the Pink Robots). Comenzó algo tibio, aunque, pese a sus habituales altibajos, fue ganando fuerza.

El entusiasmo algo excesivo de su líder Wayne Coyne, se tradujo en una insistencia constante en que la audiencia gritara, cantara y saltara en unas canciones que, en realidad, invitan más a una escucha reposada.

Su apuesta recurrente pasa por los efectos especiales y la escenografía: el confeti y los globos de goma nunca faltan. En esta ocasión, además, unos robots inflables algo cutres. Un adorno que distrajo en exceso de lo esencial: la música. 

El factor humano

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Father John Misty Kalorama 2025

Acudir a un concierto es buscar una experiencia y una conexión emocional con el artista. Eso fue exactamente lo que ofreció Father John Misty durante su actuación en la tarde del viernes.

Impecable, como siempre, y encabezando una sobresaliente banda de siete músicos, el crooner deslizó su magnética y estilizada figura por las tablas, en una enérgica y arrolladora actuación.

Es imposible no sentirse atraído por un tipo que parece nacido para llevar un traje a medida. Por momentos parece un Julio Iglesias dinámico, un Elvis contenido (su movimiento de cadera es más sutil pero igual de efectivo) o un Nick Cave sin rabia punk.

Para eso nos acercamos a La Caja Mágica en ese festival: para sentir la intensidad de una interpretación conmovedora como la de Josh Tillman o la evocadora nostalgia de las canciones de Neil Tennant y Chris Lowe, que recorren una vida y levantan tu estado de ánimo en cuestión de minutos.

Si eso es la medida, quizá esta edición del Kalorama haya sido un éxito tan discreto como memorable.

Yago Hernández
Yago Hernández
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