Primavera Sound Porto 2026: tres días para recordar junto al Atlántico

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Primavera Sound Porto 2026: tres días para recordar junto al Atlántico

Jueves: Big Thief convierten el Parque da Cidade en un refugio emocional

Hay algo en el Parque da Cidade que siempre me reconcilia con la idea de que los festivales todavía pueden ser algo más que una feria de vanidades con playlist de Spotify. El Atlántico al fondo. El viento de junio que huele a sal y a anticipación. Y la certeza, mientras pones el primer pie en el recinto, de que durante tres días el mundo real puede irse a freír espárragos

La primera jornada tuvo un marcado carácter introspectivo. Desde primeras horas se percibía una atmósfera de mágico envolvimiento sensitivo que pronto despertó a base de guitarrazos a cargo de Nation of Language. La banda inauguró el escenario principal (que mejoró notablemente su sonido respecto a la edición anterior) actuando de perfecto aperitivo como preludio del deleite de los entremeses musicales que estaban por venir: Sensible Soccers y rusowsky.

Sin embargo, el gran momento de la tarde noche llegó con Big Thief. La banda liderada por Adrianne Lenker ofreció uno de esos conciertos que justifican por sí solos el precio de una entrada. Su actuación fue una exhibición de sensibilidad, matices y honestidad artística. Cada canción parecía suspendida en el aire, sostenida por el silencio reverencial de miles de asistentes que entendían que estaban presenciando algo único. La conexión emocional alcanzó cotas extraordinarias en los momentos más delicados del repertorio, mientras las composiciones más expansivas demostraban la enorme capacidad del grupo para combinar fragilidad y fuerza en una misma propuesta.

Adrianne Lenker convierte el escenario en algo parecido a una confesión pública. Hay en su manera de sujetar (y en ocasiones aporrear) la guitarra, de acercarse al micro como si le contara un secreto, una vulnerabilidad que desarma completamente. «Masterpiece», «Not», «Simulation Swarm»: cada canción es un organismo vivo que respira diferente cada noche. Esto es lo que la música debería hacer siempre y casi nunca hace

A continuación, el hype de la temporada, Ethel Cain coincidió con el regreso de Texas Is The Reason. Su actuación, sin concesiones, apelando al alma guitarrera, conectó con varias generaciones de aficionados, reivindicando la vigencia de un sonido que sigue calando en muchas de las bandas contemporáneas, influyendo en buena parte de la escena alternativa contemporánea.

El plato fuerte de la noche se dio con la vuelta a los escenarios de The xx, que a pesar de los años, lograron envolver el recinto en su característica elegancia minimalista en sublime mixtura con el alma electrónica de los debuts en solitarios de Jamie XX y Romy. Su concierto se vivió como un acontecimiento y dejó la sensación de que el festival acababa de comenzar.

Como colofón de este banquete de bienvenida, el polémico trío Kneecap desplegó todo su mensaje, potencia de fuego y energía galvánica en un recital épico, hipnótico e incluso me atrevería a decir, narcótico.

Viernes: Gorillaz dominan la noche y Black Country, New Road firman una actuación magistral

El viernes presentó una programación especialmente diversa. El día arrancó con propuestas de corte experimental y fue creciendo progresivamente hasta desembocar en una de las noches más multitudinarias del festival.

Slowdive desplegó toda su maestría en una de las actuaciones más bellas de todo el fin de semana (hubiera sido más apropiado un horario más nocturno). Las capas de guitarras, las texturas envolventes y la elegancia de sus composiciones generaron una atmósfera casi hipnótica. Durante algo más de una hora, el Parque da Cidade pareció transformarse en un espacio suspendido entre la nostalgia y la contemplación.

Uno de los nombres propios fue Black Country, New Road. La formación británica confirmó su extraordinario momento creativo con un concierto que combinó precisión instrumental, riesgo artístico y una capacidad narrativa poco habitual. Cada composición evolucionaba de manera imprevisible, llevando al público desde pasajes íntimos hasta explosiones sonoras de enorme intensidad. Fue una actuación que exigía atención y que recibió a cambio una ovación constante

La apoteosis de la jornada corrió a cargo de Gorillaz. Damon Albarn y compañía ofrecieron un espectáculo visual y musical gigantesco que combinó clásicos incontestables con mucho material reciente. El público respondió con entusiasmo a cada aparición de los icónicos personajes animados mientras canciones ya históricas desataban una celebración colectiva que contagiaba a doquier.

Bad Gyal cerró con autoridad de estrella latina sin pedirle disculpas a nadie. Vila, Barcelona, el mundo: el recorrido de Alba Farelo en la última década es uno de los arcos narrativos más satisfactorios del pop español reciente, y en directo lo demuestra con una energía que deja el escenario temblando

Viernes: Massive Attack e IDLES ponen el broche de oro

La tercera jornada estuvo marcada por la intensidad. Desde primera hora se percibía que el festival se acercaba a su desenlace y que los asistentes querían aprovechar hasta el último minuto.

Uno de los momentos más destacados y emotivos de este Primavera Sound Porto llegó con Mike D. El histórico miembro de Beastie Boys protagonizó un recital vibrante, repleto de matices que sirvió para elevar la energía de un público que se acercó de forma masiva a tan insigne espectáculo.

Entre las propuestas más estimulantes apareció Smerz. Los noruegos hicieron de la intimidad virtud y ofrecieron uno de los conciertos más singulares del cartel, construyendo paisajes electrónicos sofisticados y alejados de cualquier convencionalismo. Su actuación funcionó como un oasis de experimentación dentro de una programación repleta de grandes nombres.

A pesar del siempre temor de suspensión que sobrevuelan los conciertos de Massive Attack, en esta ocasión no fue así. La legendaria formación de Bristol firmó una actuación monumental, combinando la potencia de su discurso audiovisual con la profundidad emocional de un repertorio que continúa sonando tan actual como cuando fue concebido y un mensaje político que dispara a diestro y siniestro. Cada proyección, cada ritmo y cada silencio parecían formar parte de una experiencia diseñada para invitar a la reflexión.

La contundencia de IDLES sacudió posteriormente el recinto. Su concierto fue una descarga de electricidad, rabia y compromiso. Joe Talbot ejerció de líder carismático en una actuación donde el grupo volvió a demostrar por qué se ha convertido en una de las bandas más importantes del rock británico contemporáneo

Cuando las luces comenzaron a apagarse y el público emprendió el camino de regreso, quedó la sensación de haber asistido a una edición especialmente inspirada. Big Thief, Black Country, New Road, Slowdive, Gorillaz, IDLES, Massive Attack, Smerz, Mike D, Rusowsky y muchos más dejaron actuaciones memorables en un Primavera Sound Porto que volvió a demostrar que sigue siendo uno de los grandes refugios europeos para los amantes de la música.

 

Antonia Hernández Balibrea.

 

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