Dry Cleaning en Madrid: la crónica de una apuesta tan arriesgada como triunfadora
Florence Shaw: una cantante que recita
Imaginen que un grupo de viejos amigos decide montar una banda de rock y eligen vocalista principal a alguien sin experiencia, pero, sobre todo, que se expresa con cierta apatía. Además, sin resultar fría, algo falta de calidez y cercanía.
Imaginen también que, en lugar de cantar, apuestan por narrar con apariencia desganada sus versos por encima de la base rítmica y la instrumentación. Y así canción tras canción.
Aunque, escrito así, la imagen de Florence Shaw y de la banda Dry Cleaning puede parecer anodina, el resultado es, sin embargo, extraordinario. Es uno de esos grupos que no solo están revitalizando la escena musical sino que están empujando el rock en nuevas e interesantes direcciones.
Encuadrados dentro de ese pospunk británico alejado del cuero negro y de la imaginería gótica, pero igualmente oscuro, cercano al noise, con aroma lo-fi, apuestan claramente por la experimentación. Están creando algo diferente. Y es muy difícil ser original hoy en día.
Primer concierto de Dry Cleaning en España
Con dos discos largos y un tercero que verá la luz el próximo mes de enero, el de la pasada noche del 23 de octubre, en Madrid, ha sido su puesta de largo en nuestro país, dentro de una gira que tiene, además, otras dos paradas en noches consecutivas: Valencia y Barcelona.
Expectantes y curiosos por ver si son capaces de trasladar al directo su propuesta artística y sonora, nos acercamos al Teatro Barceló, sala con tamaño, sonorización y visibilidad ideales para disfrutar una buena noche de música en vivo. La única pega, el coste de acompañarlo con una cerveza —7€ el tercio, una locura—.
A pocos minutos de la hora prevista del arranque, todavía podíamos ver a Tom Dowse afinando su guitarra y rematando la prueba de sonido. Pura escena alternativa. Poco después ya se encontraba el resto de la banda ejecutando “Strong Feelings”, de su primer álbum, New Long Leg.
Sin grandes alharacas, desgranaron el resto de un corto setlist de 15 canciones que pasaron como suspiros en una hora de recital, cuyo único pero fue su corta duración.
Una progresión in crescendo en el directo de Dry Cleaning
Nada de lo que los rodea es lo que parece: lo que aparenta una subida constante de un puerto del Tour, a la manera del mítico Induráin, oculta un incremento progresivo del ritmo y de la intensidad. Como la noche que te envuelve tras una puesta de sol.
El spoken word de Shaw, apenas interrumpido por breves saludos al público, se acompaña de unos riffs intensos que suenan vivos y los precisos golpes de batería de Nick Buxton que parece probar compases fuera de norma. El conjunto genera una atmósfera densa y obnubilante, de viaje lisérgico.
En ese viaje nos dejan algunas fotografías del futuro como “Hit My Head All Day”, primer sencillo, publicado hace pocas semanas, o “Evil Evil Idiot”, que nos hacen intuir que Secret Love —su próximo álbum, previsto para el próximo mes de enero— continuará enriqueciendo su paisaje sonoro.
Algo que ya iniciaron con la palpable experimentación que envuelve su segundo trabajo, Stumpwork, en esa apertura llamada “Anna Calls From The Arctic”, en el que Buxton alterna batería y saxo acompañado del sutil bajo de Lewis Maynard, cuya aportación es tan discreta como esencial.
Y, sin darnos cuenta, las sutilezas y devaneos jazzísticos han sido sustituidos por la maraña eléctrica de la guitarra de Dowse y una percusión propia del puro rock. Y así, en todo lo alto, terminan, se despiden cortésmente y se retiran sin mirar atrás ni escuchar los silbidos que reclaman un ratito más, otro poema o un último riff.
Quizá lo suyo sean los tragos cortos, pero verso a verso, golpe a golpe consiguen transportarnos a otro universo e impulsar la música hacia nuevos territorios, así que tenemos que aceptarlo y esperar que ese amor secreto prometido los traiga pronto de vuelta por la ciudad.

