Crónica concierto de TAMINO en Madrid (14/12/2019)

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Crónica concierto de TAMINO en Madrid (14/12/2019)

“El juglar belga hechiza al público madrileño”

El pasado sábado 14 de diciembre, y a pesar de las bajas temperaturas, los alrededores de la sala Mon donde estaba a punto de celebrarse el concierto de Tamino en Moncloa, hervían de jóvenes, muchos universitarios, en ambiente festivo prenavideño. El músico belga de origen egipcio, de edad similar a la mayoría de los concurrentes a los aledaños del recinto, cumplió en octubre 23 años. El concierto se celebró con un respeto escrupuloso a los horarios de inicio y de fin preestablecidos en la información previa al evento. Buena noticia. Además la sala Mon es idónea para un directo de este estilo, que pide buena acústica, cercanía e intimidad, y que, cuando se combina con el respeto de los asistentes al suceso cultural que tienen delante, cosa que se produjo, enciende la chispa del milagro de las experiencias inolvidables ante lo presenciado. Otro gran hito en la cronología de los conciertos vistos. Como pequeño defecto a reseñar de la sala, recojo una queja escuchada ese día que comparto. Sería conveniente apagar o bajar de intensidad, los letreros luminosos publicitarios colgados sobre la pared de la barra, al menos durante los directos, pues corren el peligro de “cegar” y distraer a las últimas filas de ojos humanos presentes.

Tamino-Amir Moharam Fouad estrenó “Amir” en 2018, y en octubre del año siguiente se publicó una versión deluxe del mismo que incluía dos grabaciones que originalmente no estaban en el tracklist del original. En el concierto de Madrid interpretó practicamente ese disco en su totalidad, más una versión en los bises de “My kind of woman” de Mac DeMarco que el joven músico supo llevarse a su terreno. Un directo con el único acompañamiento de dos guitarras eléctricas pero que en la versión álbum, se le añaden también laúdes, flautas y teclados, evocando a veces un aroma árabe melancólico y arrebatador denominado en algunas publicaciones como “nuevo sonido del Nilo”.

La cosa en la sala Mon comenzó con “Intervals” (“The intervals that we know, they don’t make a change”), primera muestra de exhibición sentimental a la que siguió “Persephone”, título de reminiscencias mitológicas con momentos tan bonitos y cohenianos como el de “Solo te advertí con voz baja que tuvieras cuidado con la resaca de mi río”. Tamino hacía pie en el escenario y se le comenzaba a ver más suelto y menos tímido. Ayudaron a convertir al músico en más cercano con su público los “te quiero” lanzados por alguna fémina, y su “gracias, yo también a ti” como respuesta, e incluso alguno masculino, contestado esta vez sobre el escenario con un irónico “gracias, yo también te aprecio”, la efervescencia sentimental juvenil celebrada en el exterior y sus pasiones entraban a la sala del concierto sin dar portazo. Con “Cigar”, uno de los momentos crooner de Tamino, y “Each time” transcurría el directo y recordaba a los asistentes que asistían a “una de las últimas actuaciones de la gira antes del parón navideño” y que “estaba viviendo un momento vital muy especial”. Y llegó el turno de “Cocodriles”, la canción nueva incorporada a la edición 2019 de “Amir”. Cuentan que Colin Greenwood, bajista de Radiohead, quiso conocer a Tamino tras una actuación que el músico dio en Amberes. Greenwood, entusiasmado con lo que acababa de presenciar, decidió colaborar en su debut discográfico tocando el bajo en el corte “Indigo Night”, que fue el tema que el belga interpretó en la recta final del concierto y que despertó una larguísima ovación a su fin. El dinámico “W.o.t.h.”, y la belleza de “Habibi”, uno de los temas que supusieron su carta de presentación abriendo el melón de la revelación, volvía a remitir a la poesía y a Leonard Cohen (“Si pudiera olvidarte después de un último baile, pero estás en todas partes, en cada melodía y en cada cicatriz)”, fueron los cortes finales antes del epílogo de los bises.

Si con tan poco elementos instrumentales y de forma tan austera, Tamino es capaz de ofrecer y de transmitir ya tanto, todo apunta a que le espera un prometedor futuro musical. Un talento que comenzó a componer sus primeros temas con dieciséis años y que, en algunos momentos de su concierto, cuando las luces de contra sobre el escenario oscurecían su cara silueteando su figura, parecía que nos encontrábamos ante el espectro de Jeff Buckley, el añorado músico fallecido hace más de veinte años, que hizo, también, de la voz en falsete su patrimonio y estilo.

 

José Martín S

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