Crónica Dcode 2017

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Un sábado en la Complutense.

Es sábado, un día aparentemente tranquilo en la Universidad Complutense, los más madrugadores aparecemos allí, comedidos, porque a esas horas no es cuestión de ponerse demasiado eufórica. Hace fresquito, parece que va a ser un buen día. Los escenarios 1 y 2 están dormiditos, todavía no son conscientes de lo que se va a plantar sobre sus tablas en unas horas. Ahora vamos directitos al escenario 3, cubierto con una carpa blanca que nos envuelve mientras disfrutamos de los tres primeros conciertos del día. Nada más llegar nos encontramos a los chicos de Holly Bouncer, los catalanes nos traen un rock personal con influencias del grunge de los 90 al que aportan un punto de psicodelia a través de las percusiones y los variados registros de voz que ofrece su cantante. Ya calentinto el escenario pequeño, aparece Miss Caffeína ofreciendo esos temas que, tienen claro, levantan a su público más fiel; incluido El Rescate, lo que ellos llaman “su versión de Reagueton”. Pasadas las dos de la tarde le toca el turno a Iván Ferreiro, son horas intempestivas en las que se necesita una apuesta segura para llenar el escenario, y este gallego es ideal para tal cometido. Aparece alzando una copa de vino y nos aclaran que están encantados de tocar a las dos de la tarde a pesar de los rumores que hayamos escuchado sobre su descontento; hasta que punto es irónico, nunca lo sabremos. El caso es que no defraudan y nos dan un concierto de la única forma que lo saben hacer, toda la banda entregada al 100% de principio a fin y con la sorpresa del madrileño Dani Martín, quien le acompaña en “El equilibrio es imposible”, con besazo en la boca incluido. Lo dicho, da igual la hora, ponme a Ferreiro a las 11.30 de una ventosa mañana de un martes de noviembre en lo alto de un monte dentro de una nave abandonada, que una servidora se presenta encantada.

miss

Nos vamos a comer y beber, que ya es hora. Aquí viene, para mí, la mayor pega del festival. ¡Qué precios! ¿Estáis de broma? Esto de los Tuents, Tuentis, Trankos o Barrancos será muy útil, fácil, seguro y todo lo que queráis; pero es un engañabobos que te hace gastarte el triple de lo que te gastarías un día cualquiera que salgas por la noche. Una caña 1 tuent = 3€. La comida, la mayoría de productos que te cuestan en la calle 4€, pues aquí ¡3 maravillosos tuentis!, es decir 9€. Es normal, y no voy a poner el grito en el cielo porque en el recinto las consumiciones sean más caras, eso es de esperar, pero me parecieron realmente excesivos los precios. ¡Qué estamos empezando la maldita cuesta de septiembre! Bueno, después del susto de entregar 3 plastiquitos por un simple falafel, toca sentarse a saborearlo, ¡cómo para no! Hay bancos y mesas largas, infinidad de espacio con césped donde sentarse tanto en la zona de restauración como en las esplanadas más próximas a los escenarios. La gente disfruta y toma el sol tan agustito. La verdad es que se está fenomenal. Dentro de la zona de comida hay una parte acondicionada para los más pequeños, tiene de todo: pequeños tippies, complementos para que se disfracen, mesas y sillas de su tamaño con papel y pinturas para que puedan colorear y un sinfín de cosas para que este día distinto que les han preparado sus padres sea lo más llevadero posible, y que papis y vástagos descansen y se diviertan al mismo tiempo. En este sentido todo estupendo.

Tirada en el césped terminando de comer y dentro del único ratito de relax, descubro en uno de los escenarios grandes a una jovencísima Marem Ladson, medio gallega medio americana con un talento que apunta maneras, ganadora del concurso BDCODER que les aseguraba un hueco en el cartel.

sadness

Poco a poco a la esplanada de los dos escenarios principales se le va sumando los más rezagados que van llegando al campus de la universidad. Son las cinco de la tarde y le toca el turno a La Femme, banda francesa que abre el bolo con una versión gala de Paquito el chocolatero, el surrealismo empieza a aflorar. Con cuatro teclados como si de cuatro púlpitos se tratara, nos ofrecen un tremendo show de psicopop francés en el que participan las voces de todos sus teclistas. La electrónica cantada sumada al espectáculo estético y la cercanía con el público, tanta que uno de los miembros se baja del escenario y se mezcla entre la gente, hacen que la euforia empiece a desatarse. Así imagino que habría sido La Movida madrileña si hubiera ocurrido en París. Esto ya va cogiendo color. Y de oca a oca y tiro porque me toca, esto no para, nada más terminar nuestros vecinos del otro lado de Los Pirineos empieza a sonar el ukelele de Carlos Sadness. Los allí presentes ya vienen predispuestos a pasarlo bien y corear todo el repertorio, en el que incluye “Volcanes dormidos”, un tema nuevo que está sonando en directo por primera vez este verano.

A la misma hora se reparten dos escenarios Doughter y Milky Chance, decido echar un vistazo a estos últimos y su pop rock en el que se cuela algún tema reggae que bien podrías estar escuchando en una playa de Jamaica. Volamos y viajamos sin movernos del lugar.

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¿Recordáis a unos tal OASIS? Pues por lo visto se separaron, y resulta que ahora, los hermanos famosos por su música y por sus incalculables peleas a partes iguales, se dedican a ablandarnos nuestro nostálgico corazoncito por separado. Hoy en el DCODE nos visita Liam. Aparece en el escenario sin estridencias, sin hacerse de rogar, a la vez que el resto de la banda, gafas de pasta, en pantalón corto y chubasquero, como si fuese a ver un partido del Manchester City con los colegas al Pub. Es Liam Gallaguer, viene a hacer brit pop de los 90 y eso se le da de miedo, canta, toca la pandereta, las maracas, se dirige al público con complicidad y el semblante serio que le caracteriza y sí, da un fucking wonderful concert que termina con un indispensable Wonderwall y dando las gracias por la total entrega. Es un fucking crazy british man que no necesita otra cosa que su música para conquistarnos a todos. ¿Os parece que digo mucho “fuck”? Pobres e inocentes angelitos…

En física existe algo llamado el Principio de Incertidumbre, que dice algo así como que nada se puede predecir con exactitud, que el observador, por el mero hecho de ser testigo, influye en la realidad que está observando, introduce una variable que la altera. Con todo esto quiero decir que esto es una crónica, y por mucho que pretenda contar lo que vi de la forma más objetiva posible, ahí estamos yo, mis oídos y mis ojos; y va a existir una percepción personal que lo altere y quizás no coincida con lo que otros ojos y oídos vieron y oyeron. Y esta introducción es porque es muy posible que cuando hable de la siguiente banda podáis leer mi nudo en la garganta, mis mariposas en el estómago, mi voz tomada y mi amplia sonrisa sujetando a mis ojos vidriosos; todo ello mientras asisto al concierto de Band of Horses. Sencillamente espectacular. Eran mis deseados y después les deseo más aún. Como la potencia puede ser dulce. Ya sea con The Funeral o con Casual Party, todo sonaba bien. Yo no sé que comen en Seattle, pero saben lo que se hacen. Ben, el cantante, no paró de sonreír en todo el show, estaba encantado de la vida y lo supo transmitir, se podía escuchar a la gente alrededor comentando lo alucinante que les estaba pareciendo, todavía se me ponen los pelos de punta al recordar la voz y preciosas melodías de rock folk americano hechas con buen gusto y buscando la perfección de su personal estilo. No sé si con un adjetivo, tan simple aparentemente, seré capaz de haceros entender lo que me parece su música: lo que hacen es BONITO, sin más.

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Después de la euforia esto no para, correctos, elegantes y bien cuadrados en el escenario aparecen Interpol, la banda liderada por Paul Banks y con nuevo bajista, ofreció un directo perfecto. Aquello parecía maquinaria de relojería engranada a la perfección. Despliegue de calidad recién llegada de la Gran Manzana. Después de los Neoyorkinos comenzó el que fue el concierto más largo de la noche, pero aun así se hizo corto. Franz Ferdinand con nueva formación y nuevo pelo reunió a todos los allí presentes hasta el punto de que ya no se diferenciaban los escenarios 1 y 2. El campus estaba a reventar, no cabía un alma e, incluso la flor y nata de la zona VIP, se subió a los sillones, saltó y bailó como si fuera su última noche, los temas de los creadores de ese himno del indie rock como es Take me out.

Desde Escocia vamos hacia el sur hasta llegar a Inglaterra, donde nos encontramos a The Kooks. La banda que repite DCODE cuatro años después movió lo que creíamos que ya era imposible, después de tres directos apoteósicos no era fácil mantener la euforia, pues bien, Luke y los suyos, a golpe del más puro brit pop, supieron mantener en pie el espíritu de las últimas horas.

Por su parte, en el tercer escenario, lo daban todo, conscientes de la clara y cercana competencia, Maga y Exquirla. Sobre estas mismas tablas les tocaba a Varry Brava hacer lo que mejor se les da, hacer bailar al más sota y llenar el ambiente de fiesta con su música ligera.

La jornada, la larga e inabarcable jornada, iba llegando a su fin. Yall y ElyElla DJ`s ponían el punto y final al DCODE 2017.

Buena organización, tuents caros, mucha gente, muchísima calidad por parte de todas y cada una de las bandas, que destacaron por dar lo máximo para que saliera perfecto y lo consiguieron. Y como siempre música, mucha y buena música, que al final de eso se trata; al menos en esta cabecita que os relata. ¡¡¡Nos vemos en el DCODE 2018!!!

 

Lorena A. Pinilla

(Loren & Roll)       

 

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