Río Babel 2026: Apuesta por la comodidad festivalera

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Fotos: Festival Río Babel

Río Babel 2026: Apuesta por la comodidad festivalera

Por segundo año consecutivo, el Festival Río Babel se celebró en el recinto Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid, triunfando en la comodidad de sus asistentes por encima de su propuesta musical

Es de sobra conocida la dificultad de celebrar festivales veraniegos en Madrid. Aunque, más que celebrarlos —que hay unos cuantos si sumamos las “fiestas musicales” de un día, o los ciclos de conciertos veraniegos —, lo complicado, sin duda, es mantenerlos, y más si te llevas la celebración a la periferia madrileña, por cerca que parezca estar Rivas del centro neurálgico del país.

Quizás por eso, el Río Babel ha hecho de su necesidad virtud, y tras el trago y las infinitas y justificadas quejas del pasado año, en la edición de 2026 el festival parece haberse asentado en la aldea gala del sureste madrileño, y en un recinto que alcanza la excelencia festivalera para un evento de esta magnitud: amplitud de espacios para los conciertos —con la gigantesca grada del Miguel Ríos incluida para quien no quiera siquiera pisar la pista—, numerosas barras para no esperar ni un minuto a ser atendido/a, amplia zona de restauración o baños “de verdad” son algunos de los detalles que hicieron que la habitual experiencia calurosa de un festival a estas alturas del año fuera, cuanto menos, satisfactoria.

¿Y qué pasa con la logística musical? Pues tanto de lo mismo. Al tercer escenario, situado cerca de la entrada, se sumaban en el propio auditorio dos escenarios principales gemelos, que sonaron a pleno pulmón y muy decentemente durante todo el fin de semana.

Tanto desde la grada como desde la pista, no faltaron los decibelios que se echan de menos a escasos 15 kilómetros en línea recta por la carretera de Valencia. Aunque sí es cierto que la experiencia de escuchar cada concierto frente al escenario que estaba activo en ese momento era mucho más satisfactoria que si lo hacías desde el gemelo, no parecía ser un problema para los más de 15.000 asistentes por jornada que aglutinó el festival durante todo el fin de semana.

Valores nacionales seguros y propuestas prometedoras

La primera parte de lo esperado en el cartel del Río Babel 2026 cumplió con las expectativas de un público variado que parecía metamorfosearse según el día de festival que tocara. A las familias ripenses que se establecieron durante todo el fin de semana se sumaban diferentes perfiles que disfrutaron sin complejos de la nostalgia sureña de Chambao, que cumplía 25 años sobre los escenarios, con un completo y acertado concierto, donde visitaron muchos de esos éxitos que los situaron como banda de referencia a principios de siglo. Un baño de añoranza capitaneado por una incansable Mari, mientras el sol caía sobre el recinto en la tarde-noche del viernes.

Con sus papeles protagonistas en la escena festivalera nacional, también cumplieron Amaia y La M.O.D.A.

La artista navarra, con su habitual propuesta pop, enamoró a un auditorio que la siguió por tierra y grada durante un show que ya mostró el pasado año a lo largo y ancho del circuito de festivales. Naturalidad, versatilidad musical y una gran voz para hacer muy amena su presencia sobre uno de los escenarios principales.

Mientras la práctica totalidad del público se centraba en la ex concursante de OT, Juventude daba a conocer su propuesta en el tercer escenario. La formación sevillana repartía guitarrazos, psicodelia y folclore de su tierra en una mixtura interesante por momentos y con un amplio recorrido por ofrecer.

Algo similar a la cumbia rock de Ilan Amores. La noche del sábado, el argentino presentó su proyecto ante la mirada atónita de un público que quedó prendado de la mezcla de rabia y delicadeza que conllevan sus guitarrazos y su vozarrón, envueltos en la cadencia pausada de sus melodías.

La Maravillosa Orquesta del Alcohol sigue siendo un valor seguro después de más de 10 años en la carretera. Igual que hay propuestas que evolucionan en lo estilístico y musical, muchas veces sin acierto, La M.O.D.A. lleva especializándose en su género desde que nacieron, y no les ha ido mal.

Presentando nuevo disco, pero con gran protagonismo de sus grandes clásicos, los burgaleses consiguieron levantar a todo un festival a base de guitarras, saxos, banjos y bandolinas. Folk, rock y pop para todos los públicos, y estribillos que calan hasta los huesos para corear y sentirte un poco más viejo.

Río Babel 2026 tendiendo puentes con América… del Norte

Si algo se le puede reprochar a esta edición de Río Babel, bajo el humilde punto de vista de un servidor, es el volantazo editorial que ha supuesto la presencia de dos grandes nombres norteamericanos encabezando su cartel, aunque con matices muy importantes.

Por un lado, la aparición y posterior actuación de The Offspring en la jornada del sábado dotó al festival de prestigio y gusto musical, rematado además con solvencia por la banda californiana, con una actuación notable. Clasicazos y algún que otro tema reciente, y algún valle en el camino durante el repertorio, para el día más masivo del festival, que se convirtió en una suerte de “día extra” al que acudió en masa toda la tribu punk-pop noventera —ataviados con sus camisetas, como mandan los cánones— que mamó y creció con la época dorada de la banda.

Griterío, pogos y melancolía disfrutona ante una banda que parece no envejecer ni en lo físico ni en lo musical, con un Dexter Holland comandando la nave, sustentando su directo en una voz sin fisuras pese a sus más de 60 años. Tras la actuación, toda la multitud que había llegado se fue, confirmando el concierto como un gran paréntesis dentro de la programación del festival.

La otra cara de la moneda, también desde la costa oeste americana, supuso todo lo contrario. Pop comercial sin miramientos, extravagancia y show business en una actuación en la que apenas se vio cantar más de tres frases seguidas —toda la actuación se desarrolló sobre sus canciones grabadas a todo volumen— a una Katy Perry que habrá dejado, seguramente, un buen retorno económico, diametralmente opuesto al beneficio musical para el festival.

Recurrentes pero siempre presentes

El Río Babel siempre nos deja buen sabor de boca y, en general, este año no ha sido una excepción.

Bandas como Molotov o Bomba Estéreo, presentes ya en más de una y dos ediciones, cumplieron con el objetivo encomendado como bandas, esta vez sí, del otro lado del charco, pero un poco más al sur. Punk y rock pesado para toda una generación, caribe y cumbia para hacer bailar a la multitud, México y Colombia para extender las raíces hispanoamericanas.

Esa es la esencia de un Río Babel que está más vivo que nunca y que, a pesar de las decisiones artísticas, esperamos poder disfrutar el próximo año con las comodidades y actuaciones de este 2026.

 

 

 

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