La lección de belleza de Rodrigo Cuevas en el Tierno Galván de Madrid
El artista asturiano regaló un notable concierto dentro del ciclo La Carbonería del Galván, donde presentó su nuevo trabajo, Manual de Belleza
Antes de ponernos a hablar del protagonista de la noche, siempre hay que hacer un paréntesis para deshacerse en elogios con el Parque Tierno Galván, cuando se tiene a bien celebrar un concierto en su majestuoso auditorio. Son de sobra conocidas las protestas de los vecinos de la zona, que sus importantes motivos tienen para ello, pero en lo que a lo musical y artístico se refiere, el marco del mítico parque madrileño es insuperable (se le acerca tímidamente el Botánico universitario) para una noche veraniega y un concierto en la asfixiante capital.
Una vez que pones el pie en el infernal asfalto, el mejor sitio para acudir en busca de un mínimo refresco es un gran parque, y si en él actúa Rodrigo Cuevas, mucho mejor. Y si no llegas tarde pero tampoco con mucho tiempo de antelación, puedes escoger la posición que consideres, y aunque estés lejos del escenario, la visibilidad siempre es plena, gracias al escalonado progresivo de tan ingenioso espacio sonoro.
Y así arrancaba la primera edición de La Carbonería del Galván, nuevo ciclo de conciertos, o nuevo nombre para el mismo ciclo. Como lo queráis ver, pero allí estábamos los de siempre, donde siempre.
Rodrigo Cuevas. Genio y figura hasta su tardía sepultura
Como decía Rossy de Palma en el video interludio final del concierto, esperamos que la muerte le llegue tarde al bueno de Rodrigo, para poder seguir disfrutando de un tipo con una creatividad desbordante. Capaz de aunar entre su público a diversas generaciones, colectivos y gustos musicales extremadamente dispares.
Su natural personalidad, sumada a su brutal capacidad interpretativa, lo han llevado a erigirse merecidamente en uno de los iconos rupturistas contemporáneos en nuestro país, y en la noche de ayer demostró con creces el por qué.
Desde su salida a escena, entre las bambalinas de un decorado minuciosamente medido, y protagonizado por un fondo infinito de mazorcas doradas, el astur no dejó de repartir arte en forma de canciones magistralmente ejecutadas. En un arranque de bases mucho más sintéticas, excesivamente pregrabadas por momentos, con su reciente Manual de Belleza (2026) como protagonista, saltaba sin despeinarse al folclore más tradicional y desnudo de piezas como “Allá arribita” o “Valse”.
A un sonido más que aceptable, una variedad instrumental que pasaba de los sintes, las bases electrónicas y la percusión más procesada, a guitarras, violines y panderetas, se unía en constante mutación la poderosa voz de Cuevas, que sin ser la más poderosa del panorama, destacaba por su belleza y constante afinación -no se le escapó ni una nota-.
Escena tras escena: Cabaret, teatro, danza y monólogo
A todo lo meramente musical, a un concierto de Rodrigo Cuevas hay que sumarle, y no en riguroso orden, todo lo que rodea y amplifica el show, consiguiendo alcanzar altas cuotas de diversión, entretenimiento, mamarrachería, perversión y carnalidad…, llevándose de calle la victoria de un discurso que mucha gente quiere volver a arrebatar. Reivindicación con elegancia –o no-, arte y mucho talento.
Coreografías junto a sus bailarines y bailarinas, primeros planos y producción en directo sobre el escenario, performance tabernarios, cambio de vestuarios y un eterno etc. de estímulos visuales mientras seguían avanzando la ya larga colección de canciones de su discografía: baladas a solas con guitarra, pasodobles (“Sácame a bailar” junto a Mapi Quintana), o la íntima “Rambalín” para encarar la orgía final.
La demostración metamórfica no tenía fin, aunque en su parte final aunara con cierta claridad su sello más identitario: mezclando con maestría los sonidos orgánicos del folclore asturiano con elegante electrónica, haciendo bailar sin cesar a un público que acudió en masa al Tierno Galván, mostrando una estampa mucho más cercana al lleno que a la media entrada: “La playa”, “Veleno” (su colaboración con Baiuca), “Como ye” o “Más animal” es una secuencia de éxtasis perfectamente medida.
La despedida llegó en forma de copla y electropop. El día en que nació y la muerte ideal que tenga Rodrigo Cuevas deberían ser recordados por nuestra cultura popular, y visto lo visto va a ser difícil que caigan en el olvido. Y yo que me alegro.

