Crónica del concierto de EL CUARTETO DE NOS en Madrid (14/7/2019)

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“El Cuarteto de Nos, se despide por todo lo alto”

Era el último concierto de su gira europea y El Cuarteto de Nos escogió la Sala Copérnico de Madrid como despedida y hasta la próxima. Formados hace más de 30 años en Montevideo (Uruguay) por el “fanático de los Beatles” Roberto “Riki” Musso, en nuestro país alcanzaron cierta notoriedad a partir del disco “Raro” del 2006, que incluía algunas de las canciones más populares del grupo como “Hoy estoy raro” o “Yendo a la casa de Damián”. Casi dos horas, estuvieron sobre escena El Cuarteto de Nos con una sala casi llena y un público agradecido y efusivo mezcla de, sobre todo, uruguayos, españoles y argentinos.

Comenzaron con los temas de su popular “Raro”, que hace algo más de una década sonó por aquí bastante en emisoras de radio (sobre todo en Radio3). La declaración de intenciones (decadentes y pelín nihilistas) del estribillo de “Así soy yo” se coreó hasta la afonía: una oda a la inactividad del sujeto pasivo. Asomaba el hocico “Hoy estoy raro”, el tema del Cuarteto que se aproxima por momentos en lo musical al rap mostró las capacidades verborreicas de Riki Musso y el GRAN sentido del humor de los uruguayos (“Será, que hoy, me puse a recordar, los días de mi infancia cuando siempre estaba mal. Hijo único de la casualidad, mi padre era hippie y mi madre era fan …”).

Durante el concierto adelantaron temas del que será decimosexto disco del grupo, “Jueves”, y que saldrá en agosto: el que fue single de presentación “Punta Cana”, con su estribillo reconocible y juguetón que denuncia la frivolidad y estupidez del ocio de los nuevos ricos y “Contrapunto para humano y computadora”, que Riki Musso escribió al ver la relación entre su hija de 9 años y Siri, el asistente de voz aparentemente “inteligente”.

Las décadas de idilio profesional entre los miembros del grupo, se traduce en una enorme complicidad sobre el escenario y, por momentos, la gracietas entre Santiago Tavella (bajo del grupo y voz ocasional) y Riki Musso los asemejaba a unos Les Luthiers uruguayos con sus manuales filosóficos e irónicos sonoros de superación debajo del brazo.

El público pedía bises y tenia que sonar sí o sí la hilarante “Yendo a la casa de Damián”, canción con la que cerraron el concierto horas antes de partir hacia el sur de América y continuar la gira en las próximas semanas. Ya se les echa de menos.

Texto: José Martín S
Fotos: César Gómez Veiga

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