Crónica del Festival Tomavistas 2019 sábado

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Segunda jornada en el Tomavistas, festival que sirve de pórtico para el resto de citas musicales primaverales y veraniegas y que, en su última propuesta, ha convocado a más de 16000 personas en el Parque Tierno Galván de Madrid.

Pasaban las ocho de la tarde cuando el californiano Cass McCombs irrumpió en el segundo escenario del TomaVistas. Ofreció un directo conciso, de canciones que terminaban en un enredo de arreglos instrumentales, que evidenció su talentazo como compositor y sirvió para presentar a los asistentes su recién publicado “Tip of the sphere”. Cuarenta y pocos minutos de folk rock psicodélico que anunciaban una tarde noche prometedora de gupos en directo.

Carolina Durante salió al escenario principal poco antes de las nueve de la noche, ante un foso de escena, graderíos y laterales al show repleto de asistentes. Lógico. Eran uno de los platos fuertes de la programacion de artistas nacionales del Tomavistas para el sábado y cumplieron con las expectativas con su pop punk pegadizo que remite a los ochenta de la movida y a la década posterior; a grupos como Los Nikis, Hombres G, Los Vegetales o  Parálisis Permanente. Se corearon, claro, los hitazos de “Joder, No Sé”, “Cayetano” o “La noche de los muertos viventes” con un Diego Ibáñez al frente de Carolina con su postura corporal habitual en el escenario en modo “doblada”, casi como un Ian Curtis de Joy Division autóctono. En otra época de oídos inquietos más exigentes, sin las toxicidades de propuestas musicales de hoy como Operación Triunfo y sucedáneos, los madrileños Carolina Durante habrían supuesto un esporádico número uno digno en emisoras comerciales del estilo “Los 40 Principales”.

Hinds comenzaba su directo en el escenario 2. La banda femenina de Madrid encantó a sus fans, el detalle de las dedicatorias a ellas/os ayudó, con un garaje rock sin complicaciones, que al cronista que esto firma recordó más a Deviot y a otros grupos que en los noventa ficharon por el sello Subterfuge que a las referencias actuales a las que se suele asociar a las madrileñas. 

Y pasadas las diez de la noche, llegaron las palabras mayores. El caleidoscopio de Spiritualized. El grupo que Jason Pierce creó hace treinta años tras intervenir durante casi una década Spacemen 3 junto al genio de Sonic Boom.  La banda inglesa abrió con “Come together” perteneciente al tercer disco de su carrera, el legendario “Ladies and gentlemen we are floating in space”, una creación musical descomunal que sorprendió en 1997 armonizando psicodelia, sonidos pretéritos de Nueva Orleans, góspel, rock del momento y jazz. Un artefacto musical contemporáneo que miraba al pasado abrazándolo envuelto en celofanes sónicos de guitarras, saxofón, pedal steel y teclados Hammond. El grupo interpretó en el festival parte de su obra discográfica con una puesta en escena austera, con los músicos y un coro de tres voces góspel femeninas soberbias colocados en semicírculo y un frontman, Jason Pierce, ausente de liderazgo que se reservó el lado derecho del escenario sentado en una silla ante un atril con las letras de las canciones que fue desgranando en algo menos de una hora y cuarto de concierto. Podrán decepcionar en los últimos discos publicados en este siglo, porque las expectativas que los seguidores depositamos en el talento de Spiritualized tras el disco que ofrecieron en 1997 son muy altas, pero en directo siguen siendo un demonio imprescindible al que acudir durante un festival, como demostró su paso por la segunda jornada del Tomavistas 2019.

Los viejos conocidos del Tomavistas Mucho venían debajo del brazo con “¿Hay alguien en casa?”, su última publicación plagada de referencias nostálgicas al imaginario cultural de los ochenta y a sus derivas sentimentales y fracasos de los que padecieron aquella década en su momento. Con cada vez más protagonismo de los sintetizadores, el grupo defendió con decencia y profesionalidad su actuación con alguna incursión momentánea en sus anteriores trabajos. Para el abajo firmante, el mejor grupo nacional que pasó por la jornada del Tomavistas del sábado (medalla de oro en el apartado internacional para Spiritualized, claro) y que volveré a ver con deleite por tercera vez cuando vuelvan a ser programados. Mucho Mucho.

En el escenario grande donde Spiritualized acababa de plantar sus huellas de oro, Bradford Cox y sus músicos de Deerhunter, abrían su propuesta de psicodelia y shoegaze. Dream pop para los que, ajenos al griterío y conversaciones a voces características de los festivales de música, consiguieron dejarse llevar por el trovador mórbido de Cox y sus músicos. Sonaron temas de sus siete discos publicados hasta la fecha, con los instantes álgidos de   “Helicopter”, “Desire Lines” o “Futurism”. Fue otro de los momentos mayúsculos del Tomavistas 2019 y una idea magnífica, la de programar a este grupo de Atlanta tras Spiritualized. Un tándem de rock potente y crepuscular en el escenario principal, antes de la doble fiesta electrónica que se avecinaba con las siguientes formaciones en ambos escenarios.

Joe Crepúsculo irrumpía en el escenario pequeño, acompañado de nuevo por el flamenco bizarre de Tomatito con sus taconeos y palmeos, y por un preparador de cócteles (¿?) para los músicos sobre el escenario. Locura y electronicaza de sonido irregular. Electro pop de andar por casa a lo Fangoria con un montón de alaridos y de “toma que toma!” de Tomatito, que animaron al personal que abarrotó el emplazamiento donde se celebraba el último concierto programado en ese escenario.

Friendly Fires tuvo la difícil responsabilidad de cerrar Tomavistas 2019 a las dos de la madrugada. La mayor parte  del público inició, seguramente, “el camino de la cama” que cantaban Siniestro Total, y el grupo británico, sobre el escenario “grande” y ante una bajada nocturna de las temperaturas considerable, lo dio todo para calentar a los escasos asistentes que todavía quedaban en el parque. El cantante Ed Macfarlane saltó, trotó, hizo carreras de izquierda a derecha del escenario: una bomba de quemar calorías que ofreció un directo que empezó por todo lo alto y pecó de monótono en su desarrollo. Como unos The Rapture o Spandau Ballet remezclados por Chk Chk Chk. Buena decisión para un cierre de festival que crece poco a poco con un cartel siempre interesante e imprevisible, nunca escorado hacia lo comercial y que cuida a su público permitiéndole ver casi todos los conciertos sin que se solapen entre ellos.

José Martín S

Fotos: Laura Lillo

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