Crónica del Festival Tomavistas 2019 (Viernes)

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Llegaba una nueva edición del Tomavistas, uno de los mejores festivales por muchas razones, un magnífico y cuidado cartel, que para mí es esencial y también cómo no, por el recinto y la comodidad que se siente, una de las cosas que deberían tomar nota otros festivales de la geografía nacional.

Entré sin apenas colas y con mucho calor, el ambiente se notaba festivo y bueno, gente que ama la música por encima de modas y tendencias mainstreams, poco postureo y mucha música.

Comencé mi andadura en el escenario principal denominado Wondo, con la actuación de  Ángel Stanich. El ambiente era bueno, aunque la gente todavía estaba un poco distraída y muchos todavía no habían accedido al recinto, pese a todo y ante sus fans incondicionales, Ángel nunca defrauda, te puede gustar más o menos, pero es un referente para muchos de lo que es el trabajo bien hecho y se nota los miles de kilómetros que lleva a sus espaldas, culminó con su tema más aclamado “Mátame Camión”.

Acto seguido y sin dilación me fui al escenario Dr.Martens que para quien no lo conozca está situado en el otro extremo del parque o recinto del festival, es pequeño pero tiene mucho encanto porque te encuentras rodeado de árboles y naturaleza, era el momento de ver a Las Odio, que resultaron divertidas, progresan adecuadamente. De vuelta al escenario principal para ver a Triángulo de Amor Bizarro, uno de mis grupos de cabecera y una apuesta segura siempre con sus grandes directos, si he de decir la verdad, me dejaron un poco frío con respecto a otras veces, en su haber he de decir que la hora no les acompañó, un poco pronto y con luz todavía. Desgranaron temas de su último disco y los clásicos de la banda como “Desmadre Estigio”, “Baila Sumeria”… acabando con uno de sus mejores temas “Barca Quemada”.

Parada habitual para coger energía en forma de cerveza, que por cierto y sin que sirva de precedente era una cerveza local y artesanal, algo también diferente a la mayoría de festivales y que es otra muestra de la singularidad de Tomavistas. Al margen de este apunte o cuestión menor bajé de nuevo a ver a Cala Vento, el dúo del Ampurdá presentaba su segundo disco Balanceo y abarrotaban el espacio, potente y éxito seguro en su concierto, he de decir que la gente disfrutó más con sus temas de su anterior disco Fruto Panorama, molan y mucho.

Y llegaba la hora de Cigarrettes After Sex, una de las pocas bandas que todavía no había visto en un escenario y que tenía ganas de disfrutar, entre la hora que no era la adecuada para este tipo de música que hacen y la austera puesta en escena había como dos sensaciones entre el respetable, los que les pareció soporífero y los que como yo por ejemplo que levitamos con su mezcla de ensoñación y oscuridad, toda una experiencia religiosa para “fans”.

Una vez digerido el concierto, apareció el frío y el aire que no facilitaba mucho el disfrute, pero como estaba ansioso de ver a la gran estrella del festival Beach House, aguanté y me metí entre las primeras filas para arroparme y ver más de cerca el concierto. Victoria Legrand y los suyos dieron un auténtico conciertazo, con una puesta elegante y a la altura de su música, con proyección de imágenes que te sumergían en su mundo y sonaron potentes muy potentes, hasta llegar a la extenuación y lo digo porque los conocedores de la música de Beach House, saben de lo que hablo, dejaron atrás sus sonidos más dreams y dieron una muestra del por qué son quien son, grandísima banda.  Para terminar la jornada, no podía despedirme sin ver a Toro y Moi, y no me equivoqué, inundaron de fiesta y funk la noche con un concierto inmaculado y se centraron en su último disco Outer Peace, el público lo gozó y yo también.

Jorge Mat. 

Fotos: Laura Lillo

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