BEIRUT – “Gallipoli”

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Después de cuatro años, el cantante y compositor Zach Condon ha regresado con su proyecto Beirut, concretamente con un nuevo álbum titulado “Gallipoli”.  Este supone el quinto en su carrera y salió el pasado 1 de febrero bajo el sello 4AD, contando en la producción con Gabe Max y en la parte instrumental con Paul Collins (bajo), Ben Lanz (trombón), Kyle Reznick (trompeta) y Nick Petree (batería).

En este LP, gestado entre Berlín, Nueva York y Apulia (sur de Italia), el artista de Santa Fe (Nuevo México) se acerca a sus comienzos influenciados principalmente por la música de los Balcanes y aparta los elementos sintéticos que incluyó en sus más recientes discos (“The Rip Tide” –2011- y “No, No, No” –2015-). Por tanto, nos ofrece una colección de canciones folk construidas sobre cuerdas, vientos y percusión con aires balcánicos. No obstante, está presente de alguna manera la modernidad de sus últimos trabajos.

En mi opinión, todos  los elementos musicales expuestos se han engranado de forma satisfactoria. Una instrumentación cuidada arropada por la voz cálida de Condon lanza grandes canciones folk de preciosas melodías.

A continuación, haré una pequeña parada por los momentos en los que esa unión alcanza su punto culmen. En primer lugar, me detengo en “When I Die”, “Varieties of Exile”, “I Giardini” y “Light in the Atoll”, las canciones con las melodías más bonitas del álbum. Seguidamente, en el tema que da título al disco. Atrapa desde el primer momento en que se aprecia el soplido de sus imponentes vientos. Por último, en la épica “Landslide”, uno de los cortes en los que mejor se distingue el antiguo órgano Farfisa que también se utilizó en sus dos primeros largos (“Gulag Orkestar” -2006- y “The Flying Club Cup” -2007-).

En el transcurso del proceso de creación del disco, Condon ha tenido diversos contratiempos: cambios en su vida personal que le llevaron a viajar continuamente entre Nueva York y Berlín, sufrir una rotura en el brazo izquierdo por una caída en monopatín, los elevados precios de los estudios y el alojamiento en Nueva York, que le obligaron a tener que grabar en Europa, o los problemas de cuadre de agenda con sus músicos, que le hicieron tener que afrontar una mayor parte de la prevista del trabajo instrumental (estuvo de doce a dieciséis horas de media en el estudio durante un mes). Como se puede observar, Zach se ha enfrentado con determinación a estas circunstancias adversas. Creo que ello ha provocado su salida de la zona de confort y, por tanto, el fortalecimiento de sus habilidades, contribuyendo así a la consecución de este muy buen resultado.

Para concluir, decir que en este trabajo reluce el virtuosismo de Zach Condon y me atrevo a afirmar que Beirut  es ya uno de los principales exponentes del género folk de estos tiempos.

Juan Ramón Martínez 

 

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