KAREN KOLTRANE+ AUTUMN COMETS: Sidecar (Barcelona, 6/10/2018)

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Que me digan que el primero de los dos conciertos que voy a ver es de una banda que fue revelación hace tres años en el Primavera Club, teloneando a Los Planetas con el beneplácito y bendición de Jota y que además el primer adelanto de su primer disco recuerde a Chromatics, ya me pone nerviosa. Pero es que, además, si el segundo concierto es de una banda con almenos un temazo que me tiene pillada en bucle, ya presagia que algo pasará a mí alrededor. Y vaya si pasa…

Sidecar (Barcelona), 6 de octubre de 2018. Son casi las nueve de la noche y las angostas y laberínticas calles del precioso barrio gótico de Barcelona están llenas de gente paseando, charlando, disfrutando del ambiente urbano que respira la ciudad Condal. Adentrándonos en la plaza real, en una esquina, está nuestro destino: Sidecar. Entramos en la sala. Dos camareros despistados cortando limas nos dan la bienvenida. La sala, en la parte de abajo, todavía está vacía pero en unos minutos la gente empieza a llegar. Bajamos. El espacio es pequeño pero sabemos que ese techo en forma de cúpulas y el diminuto escenario (cubierto esta noche por tela plateada ignifuga. Sí, sí, de esa de los accidentes) ha acogido durante más de treinta años (se trata de la sala más longeva de música en vivo de la ciudad)  los conciertos más salvajes del underground, de grupos locales e internacionales, tanto de primer orden como de futuras estrellas del firmamento musical. Varias generaciones y movimientos musicales, nueva ola, postmodernos, rockeros, psichokiller, punks, indies, cantautores, flamencos, heavies y otros muchos subgéneros…

Sin mucha demora, empieza el bolo de Karen Koltrane. Dream-pop de ese que nos gusta a nosotros, a David Lynch, y a Jota, claro. Multitud de capas sonoras creando un envolvente efecto ensoñador que nos va adentrando en la atmósfera que el grupo ha creado para su primer larga duración “Plantas de Interior”. Sonidos sofisticados y elegantes que se mezclan con la susurrante voz de Ángel Valiente y la fuerte presencia de los sintetizadores. Imposible no balancearse engañando a la gravedad. La misma de la que nos hablan en “Ondas Gravitacionales”, a través de una letra sencilla y sin embargo repleta de emoción:

 

Un agujero en el espacio y en el tiempo 
ondas que irradian en propagación 
cuando piensas que atender es elegir 
cuando sientes que elegir es disparar 
y si todo lo que soy y lo que fui 
algún día será multigravedad” 

 

Queriendo de verdad quedarnos en ese agujero en el espacio y en el tiempo, llegamos al fin del bolo. Diez minutos de descanso y empieza Autumn Comets presentado su cuarto trabajo, integro en castellano. Con una década a sus espaldas,  ya no son unos novatos y se les nota. Seguimos con esa tenencia al dream-pop pero con evidentes toques folk marca de la casa, con sonidos de viola (una muy rara) y presencia de guitarras distorsionadas. Todo el disco y también, su directo, desprende nostalgia, añoranza,…incluso pena. “Viernes de Dolores” se muestra dolida y emocionante, de gran belleza. Imposible no quedarse atrapada en su inicio, en su ritmo ascendente, y en su letra: magnífica, conmovedora, palpitante y sentimental “la sangre que vi brillar me trajo de vuelta allí”, “los viajes mirando al sur, los discos de Sun Kil Moon”, “el árbol que alumbra la calle que alumbra. Un viernes de agosto que aprieta y ahoga”. Todo en esta canción hace palpitar y emprender un viaje por esos agujeros de gusano temporales pero sobretodo espaciales que sin remedio transfieren alma, corazón y sentidos al lugar más íntimo y dolorido. Amor puro, sin duda. 

La sensación final es de haber visto dos de las bandas más personales de la escena actual, minoritarias seguramente y para siempre. El slowcore no está de moda en un tiempo en que la inmediatez y la impaciencia nos impiden observar, reflexionar y finalmente digerir la calidad. Eso son Karen y los cometas. Calidad, paz y mucha sensibilidad en un tiempo confuso e irreflexivo. Es por tanto de agradecer poder disfrutarlos, aunque antes tengamos que aprender a reconocerlos. No es un viaje fácil pero la recompensa es enorme.

Difícil fue salir de ese  viaje al terminar el último tema y encender las luces. Cada uno la suya, aunque alguien se quedara a oscuras.

FIN

 

Mercè Fajardo

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