INTERESTELAR 2018: CRÓNICA

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INTERESTELAR SEVILLA 2018

18 y 19 de mayo

Hola amiguis.

Este finde hemos estado en Sevilla. Eso de que “la lluvia en Sevilla es una pura maravilla” es un leyenda urbana, vamos. ¿Cómo va a ser una maravilla que el agua, ese líquido insípido, inodoro e incoloro te prive de gozar del croma de una ciudad con uncolor especial? Que no hombre, qué no.

Pues eso. Que nos ha llovido. Toda la semana mirando la app del tiempo, sufriendo y temiendo el anuncio de la cancelación. Pero no, Antonio Romero (director del festi) y su equipo estaban determinados a que nada aguara esta edición. Ya les pasó en la primera, en el picnic Interestelar de este año y que les volviera a ocurrir ahora, por tercera vez, era algo que no contemplaban.

Así que ni el frio ni la lluvia les y nos pararon los pies. Ahí estábamos, los más de 20.000 interestelares dispuestos, con chubasqueros, capelinas, gorros, paraguas o sin nada (qué también era una opción), a pasar otro fin de semana bajo las estrellas, ocultas a ratos, del cielo hispalense.

Vamos a lo que importa. El cartel. A priori me convencía más el cartel del año pasado. No tenía yo muchas expectativas puestas en el viernes pero oye, la cosa no estuvo nada mal, gens malament.

Llegamos cerca de las ocho, justo a tiempo para ver a Juanito Makandé. Justo antes estuvieron Elefantes y por lo que nos dijeron, no defraudaron, pese a que la lluvia les fastidió buena parte de su actuación que finalizaron con “Black is Black” de Los Bravos. Bueno. Suerte que no lo vi.

Makandé nos presentó “El habitante de la tarde roja” y no pudo contener expresar lo que todos a esas alturas ya pensábamos  «Es un orgasmo para el alma estar luchando contra viento y marea para cantaros en esta pedazo de ciudad», aludiendo a la inestable meteorología. Encandiló a los presentes con su acertada fusión de flamenco y funk, excusándose en algún momento por la falta de afinación de su guitarra.

Por fin llegó el turno de Niños Mutantes. Los granadinos hicieron honor al éxito que les precede y nos dejaron a todos emocionados con sus interpretaciones pero sobretodo con una vibrante versión de “A Galopar”, el poema de Rafael Albertí al que Paco Ibáñez puso música allá en los setenta. “A  galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar”. Dio la casualidad que al día siguiente hablé con unas niñas a las que vi descuajaringándose con Niños Mutantes el viernes. Hasta aquí, todo bien. La parte amarga vendría al descubrir que las niñas (que también podrían haber sido niños, ninguna causa efecto con eso) hicieron gala de la conciencia social de un mosquito. Y una se pregunta, ¿oyen y no escuchan o es que nosotr@s hablamos sin decir? Qué lástima…seguro que otr@s much@s sí se coscaron. Seguro.

Tras Niños Mutantes, nos fuimos a la Vip. Muy bonita, como el año anterior y con unas magníficas vistas. Una oscilación algo sospechosa de la grada no nos desanimó y desde allí vimos a Sidecars o el hermano de Leiva. Que es como Leiva pero en majete y en persona con aspecto de alimentarse. Gustó mucho a sus incondicionales (completamente entregados) y contagió su energía a los demás.

Con el súper mega bolazo de Rufus T. Firefly (a mí que no me convencen, me encantaron muy y mucho) y el striptease de Bitches Deejays (no me preguntéis que pincharon porqué no lo sé ni que importa. Eso sí, les volvería a ver) terminamos la noche bastante mejor de lo que las predicciones auguraban.

Sábado.

Un sol arrollador puso brillo a una mañana marcada por la tragedia y el despiste de la que suscribe que es especialista en perder cosas, objetos, llaves y neuronas.

Pero como Dios aprieta y no ahoga y en mi caso arroja además órdagos de risas y buen humor, el día siguió estupendamente bien y cuando la lluvia volvió a hacer acto de presencia, ya estábamos entrando al recinto del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, convertido en una suerte de Woodstock sevillano. Solo que sin hippies (léase la referencia a las niñas mutantes).

Ahí estaba Stanich. Cuando le quedaban las tres últimas canciones (Carbura, Metralleta Joe y Mátame Camión) empezó a llover, a lo que el santanderino expuso con suma convicción “No canto muy allá pero, diosito, tampoco para que se ponga a llover así”

Y empezaron los grandes: Full, Lori, Coque Malla, Dorian…una increíble sensación de hermandad y humanidad unía a todo el público que saltaba al unísono delante de los dos escenarios principales.

Full tuvo que lidiar con la lluvia, que a esas horas ya no caía con fuerza pero sí chispeaba. Nada impidió que nos agolpáramos todos para corear eufóricos los temas que acertadamente dispusieron en un más a más. Empezaron fuertes con Distintos, siguiendo con Aullando, Otra Vez…En definitva, fantásticos. Terminaron junto a Miguel Rivera de Maga y los BItches Deejays en albornoz y zapatillas de spa. Sí, to locos y to mojados.Coque Malla con aparición sorpresa de Annie B Sweet interpretando a dúo el eterno “No puedo vivir sin ti” y una versión en solitario de “El Equilibrio es Imposible” del genial Ferreiro.

Cambió de escenario, del Negrita al Cruzcampo, para llegar a tiempo de ver como se izaba la reja de colorines y luces led de Lori Meyers. Sin (casi) ningún fallo técnico en semejante despliegue de tecnología (esa que vimos y no supimos entender ya el en la pasada edición del Sonoroma) la actuación de los granadinos fue una fiesta en sí misma. Pese a no ser el escenario con mejor sonoridad, su voz se escuchó bastante nítida para lo esperado. Luces de Neón, Emborracharme, El Tiempo Pasará, Alta Fidelidad…imposible no disfrutarlo. Felicidad absoluta, vítores, coros y saltos por doquier. Un brazos arriba constante.

Y seguimos sin movernos de escenario. Llegan Dorian. Enfundados en el uniforme de piel negra que es marca de la casa, aparecieron los catalanes para dar una lección de sobriedad electropop. Con algún adelanto de su nuevo trabajo que verá la luz esta misma semana, nos dejaron ya en manos de Virginia Díaz en el escenario J&B para disfrutar de sus cachitos de música y cielo estrellado que para eso estábamos en el Inter.

Pese a todos los inconvenientes, el Interestelar se afianza como cita obligada para los amantes de los festivales y de la música en directo. Por la calidad en su programación, por su magnífica ubicación en el antiguo monasterio de La Cartuja, por su compromiso en cumplir con horarios y organización, y por la variedad para  toda clase de asistentes desde los más jóvenes hasta familias con niños (que contaban con una carpa, “Pequeña escuela de astronauta” en la que podían disfrutar de la música y “relajarse con un programa de animación” adecuada a su edad)

En total, el Interestelar ha dado empleo a cerca de cuatrocientas personas y, según los organizadores, tendrá un impacto económico en la ciudad de Sevilla de cerca de nueve millones de euros.

Datos, datos…juré no hacerlo en la próxima crónica pero no lo prometí, así que…

FIN

Mercè Fajardo

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