LOS SERES QUE ME LLENAN (Mikel Izal. Aguilar, 2016)

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Parece que Mikel Izal es el hombre perfecto. No solo compone y canta bien, ahora también escribe libros éxitos de ventas. Ingeniero de Telecomunicaciones de profesión, algo que en este país enfermo de titullitis valoramos y admiramos a partes iguales, y escritor por vocación, según cuenta, hace de su cualidad oficio aprovechando el tirón de Copacabana.

Temiendo, o deseando, lo inevitable Mikel Izal se ha apresurado desde la presentación de su libro a repetir que su máxima inspiración es Murakami. Y es que el parecido, salvando las distancias, es más que razonable.

Los Seres Que Me Llenan se lee igual que se escuchan las canciones de Izal. No precisa de excesiva concentración ni especial atención. Se hace fácil y entretenido. Perfecta lectura a pie de piscina o a orilla de playa. Incluso combinada con Spotify, una caña y ya puestos, unos aceitunas. Ese sería el concepto.

No es que no me haya gustado, que sí, pero tengamos claro lo que es. Izal escribe bien, sus clases de escritura creativa parecen haber rendido. A lo largo de veinticuatro relatos nos desgrana con una prosa sencilla y directa, historias de amor, placer, soledad, oscuridad y misterio, llenas de unos personajes, a veces demasiado planos, que nos sumergen en un mundo de fábulas fantásticas, crónicas oníricas y hazañas cómicas seudo amorosas (el mejor relato, “Repetimos”. Genial)

Tampoco esperábamos descubrir la fórmula de la Coca-Cola, quizás solo beberla. Así que hipsters que ahora renegáis de Murakami en esa pretenciosa actitud provinciana del que desciende de la pata del Cid y mea agua bendita, no leáis a Izal como tampoco lo hacéis ya con Murakami. Para los demás, sí, hacedlo. Os va a gustar, os vais a entretener y lo vais a olvidar fácil. En invierno ya nos pondremos más intensos.

Mercè Fajardo

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