banner-yo-tambien-soy-indieok

Reseña del concierto de MARYLAND en Madrid.

“Maryland resurge en Madrid”.

¡Save the date! Llevaba con la fecha marcada en la agenda desde que dieron la noticia. Diez de marzo en Madrid, Sala Moby Dick. Maryland viene a presentar Resplandor, su cuarto álbum, después de cuatro años. Se lo han tomado con calma para hacerlo bien, se han recreado en cada constelación que es cada una de sus canciones.

La sala empieza a llenarse, incluidos menores que vienen a disfrutar junto a sus padres, y como buen niño que se precie, preguntando cada cinco minutos: ¿Cuándo empieza? ¿Empieza ya? Qué bonito es ver a distintas generaciones compartiendo una pasión como es la música.

No puedo deciros si hicieron sold out o no, pero sinceramente, me da igual, no creo que sea relevante. Eso estaba hasta arriba, es lo que puedo decir, y todos y cada uno de los que se acercaron, lo hicieron con todas las ganas y todo el cariño y admiración.

Abren la velada The low flying panic attack, dos teclados una guitarra y dos voces. Él y ella, Javier y Marta, con su psicodélico electroburguer y la dulzura de sus voces, crearon un ambiente perfecto para adentrarse en una atmósfera que más tarde harían estallar los de Vigo.

Tengo que decir que la sonrisa de estos hermanos es mi debilidad, y después de entrevistarles un par de días antes del concierto (entrevista que podréis leer en breve), me confirmaron mis sospechas de que son tan adorables y sensatos como parecen.

Presentaron su último trabajo, Resplandor, un álbum conceptual que habla de la banda y el resurgir, cual Ave Fénix, con las cosas claras y una absoluta declaración de intenciones en cuanto a cómo tomarse el pasado, para que sea útil en el presente.

Venían de abrir gira en La Higuana de Vigo, su tierra, y era difícil estar a la altura en emociones, pero lo conseguimos, incluso llegando a quebrarle la voz a Rubén en algún momento. Esas cosas son bonitas. Pudimos descubrir en directo los nuevos temas, como Arde, “Croquetas” y estrellas, Nueva York; esta última con una pequeña protagonista, una niña que había hecho su propio videoclip de la canción bailando en el salón de su casa y allí, como no podía ser menos, no paró de bailar durante el concierto. Insisto, esas cosas son bonitas. También se pudo escuchar Los años muertos, tema que daba nombre a su anterior, y ya lejano, trabajo. Los potentes golpes de batería de Alex, los característicos riffs de guitarra de Rubén, al que se le suma en esta ocasión Erik, y el bajo perfectamente afinado de Pablo; todo ello junto levanta una sala que no para de corear cada tema, incluidos los más recientes, y eso hace que la banda no pare de crecerse encima del escenario y de esbozar sonrisas. No sé cómo lo hacen, pero consiguen mezclar potencia guitarrera y emociones algo más dulces. Y esas cosas son bonitas.

 

Lorena A. Pinilla

(Loren & Roll)    

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *