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El festival mallorquín se clasifica entre los grandes

La banda Zulu Zulu en el escenario

Zulu Zulu actuó en el escenario Mallorca Better in Winter.

La segunda edición del Mallorca Live Festival empezó para muchos en la carretera secundaria de Magaluf que dirigía al recinto. Pese a los atascos, la programación del viernes y sábado, desde las 18:30, fue rodando a la perfección hasta cerrar el festival con la asistencia de más de 12.000 personas. Los primeros en actuar, The Prussians, llevaron el sello mallorquín a lo más alto del escenario. La banda olía a una mezcla de indierock, juventud y adrenalina. Lo mismo sucedió con los Ice Crime, ganadores del concurso Mallorca Live Talent y que, pese a su corta trayectoria musical, ya cuentan con un público fiel en las Islas, Barcelona y Madrid.

La moderada evolución de estilos, mezclados y compenetrados, se vio marcada en el rap de C. Tangana, miembro del grupo Agorazein, quien acorraló en el escenario principal (Sol House Stage) a centenares de personas con distintos gustos musicales cuando sonaban 100k pasos y Antes de morirme, dos de sus temas más conocidos. Con la misma sutileza de mezclar acordes, hasta tal punto de sembrar el famoso estilo trap con el juego de la electrónica, la mala de Mala Rodríguez apareció con garra, junto a su elenco de bailarinas, con Tengo un trato, lo mío pa’ mi saco, Quién manda y Por la noche. La gaditana se veía reluciente, reinando su hora y media de con esa fusión de sonidos.

El ambiente comenzó a calentarse mientras los grados iban cayendo. Sin embargo, las colas aumentaban con rapidez cuando más se acercaba el turno de Placebo, el principal gigante que arrasó en la noche del viernes. La banda pilotada por Brian Molko provocó un efecto placebo, valga la redundancia, como si generasen vicio sin tener ningún químico.  Al grupo británico se le quiere, se le admira y se le escucha con atención. Y así se pudo ver en todo momento, dejándose llevar por el rock alternativo de los 90 recopilados en ‘A Place for us to dream’ (2016). Sonaba Two many friends cuando el público se vino arriba; sonaba Mets y la energía volvió a brotar como si cada canción fuese la primera.

De un vicio internacional a otro gestado en nuestro país, Amaral deslumbró con un look bastante atrevido, pese a las críticas que posteriormente tuvo por ese conjunto semidesnudo que eligió para su puesta en escena. Aunque esto tampoco fue un problema, o mejor, nunca lo ha sido para la zaragozana que cumplirá veinte años más y todavía seguirán sonando sus canciones de antaño. En este caso, el público más veterano, es decir,los de mediana edad, apostó por ella y por su larga trayectoria musical. Porque, aunque no faltó la presencia de su último disco ‘Nocturnal’ (2015), tampoco aquellas letras que hablaban de Universo y amistad, de amor y de espíritu salvaje como Revolución o Cómo hablar.

Al otro extremo del recinto, Nicolá Cruz aspiraba a sembrar su propia transcendencia musical con sonidos vírgenes, experimentales, recolectados de esos tonos exuberantes entre el pasado y el presente. La electrónica es su amuleto, o así lo dio a entender con su mezcla de ritmos sudamericanos, indígenas y afro.

El Mallorca Live es un festival que carece de un gusto perfilado. Es más diverso, recoge las tendencias musicales de distintos colectivos y las reúne en un mismo recinto. Hubo espacio para el rap, el hip hop, la electrónica y el pop. También para Chambao, ese grupo con aire flamenco, de espíritu libre que hasta no ver a La María con sus peculiares pantalones hippies pensábamos que Chambao estaría en un parón interminable en su carrera musical. Al contrario, las nuevas promesas mallorquinas aparecieron encabezadas a primera hora de la tarde con Yoyo Banana y Salvatge Cor, dos bandas que ya gozan de gran éxito a nivel nacional.

Todavía el sol quemaba y las cervezas volaban como si fuesen botellas de agua frescas, cuando Zulu Zulu interpretaron a indígenas aporreando una especie de bougarabou. La puesta en escena era nula, pero sus disfraces imitaban a la perfección su sorprendente sonido africano. Para el turno del madrileño grupo Club del Río o para el veterano Maga, la tranquilidad bajo los dos escenarios volvió a su estado natural pese a que el nuevo disco de Maga, ‘Salto horizontal’ (2017) generó aplausos, silbidos inesperados y una puesta en acción muy admirada.

Hay cierta distancia entre los grupos independientes, cocinados en la capital principalmente, con el público mallorquín. También hay canciones para tiempo y la distancia, como dice una canción de Iván Ferreiro, pero con Lori Meyers pasa todo lo contrario. Los granadinos irrumpieron con un muro de leds, y detrás, ellos, afinando su música; ese indiepop característico que llenó el recinto enseguida. Enseguida, también, abrieron con Vértigo I, primera canción de su recién disco ‘En la espiral’(2017).

El cantante (Noni) durante su actuación en el Mallorca Live.

El cantante (Noni) durante su actuación en el Mallorca Live.

Otras como Luces de neón y Emborracharme evocaban a nostalgia, a un sonido conocido con una voz única como la de Noni (cantante principal de la banda). Dispararon varias veces canciones del pasado aunque la presencia de su último trabajo también estuvo al corriente con Evolución u Océanos. La despedida de Lori estuvo marcada por un momento de incertidumbre: volver al escenario secundario donde actuaban Nasty o seguir en la línea indie rock británico con The Charlatans. La banda liderada por el veterano Tim Burgess tuvo su momento de oro con The Only one I know, un hit imprescindible de los noventa.

Por otro lado, el desconcierto del look de Burgess, para aquellos que no conocían al cantante, provocó una tira de coñas amistosas, más ingenuas que malvadas. “¿Es una peluca lo que lleva?”, “Ese pelo es una peluca”, confesaban en secreto algunos de los presentes. Sin embargo, su actuación fue impecable. Volvieron a brillar como estrellas del britpop del siglo pasada, aunque lo fuesen más en Inglaterra que en España.

También hubo tiempo para vivir un momentos agridulces en la noche del segundo día. Pese a que los conciertos fueron acertados, el festival pecó en la gestión. Muchos asistentes recurrieron a las hojas de reclamaciones debido a un malentendido entre la compra-devolución de los vasos de plástico. No obstante, la noche, finalmente, acabó con admiración por ser el primer festival de música de Mallorca que se ha hecho paso entre los gigantes de la Península.

Angie Ramón

 

 

 

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