ATENCIÓN TSUNAMI: Sábado 25 febrero en el 21 (Huesca)

ATENCIÓN TSUNAMI

En el 21

A mi me gustan las cosas fáciles. Por vagancia, lo confieso. Lamentablemente para mis ansias y ganas de holgazanería e indolencia, de vez en cuando me cruzo con personas, cosas, circunstáncias y en este caso, músicas, complejas.

La sabiduría normalmente me abruma a la par que me inquieta. Tengo que esforzarme y eso, como he dicho, me da mucho palo. Luego, una vez esforzada, me siento contenta y satisfecha y gracias a esa renovada ilusión y optimismo centelleante, con ganas de más.

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Pues esto es Atención Tsunami. Mejor dicho, esto es lo que me provocan ellos y por ende, ellos en directo. Compartí con estos cinco chicos la tarde y noche del sábado 25 en el 21 (25 en el 21 y en Huesca) donde actuaban por segunda vez (la anterior con Incendios, proyecto con idénticos componentes pero con unas melodías algo más pop dicen). Les acompañé en su prueba de sonido (larga, joder, es que son gente compleja, con cosas complejas…), me dejaron hacerles una entrevista (sencilla, aquí ya estamos hablando de mi, mente inquieta pero elemental, discreta, lironda…) y asistir al posterior concierto que ahora reseñaré (la entrevista en unos días).

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Definir su estilo es harto difícil y complicado así que yo me he inventado un concepto revolucionario “sibaritismo post-rock”. Eh, y me quedo tan ancha. Es lo que tiene la simplicidad, el atrevimiento y a veces, la estupidez.

Estamos hablando de cinco chicos que residen en Madrid, pese a que son de aquí y de allá, que se conocieron en el colegio mayor mientras estudiaban unas sencillas carreras como astrofísica o telecomunicaciones. Porque, de eso estamos hablando, de cosas sencillas.

Compartían, además de un coeficiente, imagino rasgando el mínimo legal exigible para ser astrofísico o licenciado en dos grados de similar dificultad, pasión por la música, las guitarras y sus melodías. Claro, evidentemente todo aquello les unió con el pegamento invisible de la amistad y afinidad. A ver, hablando en plata diremos que de ahí podían salir mil cosas, todas buenas. Mil cosas menos un “Mira como vuelo” (ay, no lo puedo evitar). Efectivamente, salieron melodías envolventes con bases instrumentales complejas, guitarras post-rock y la Bíblia en verso. Bíblia como la que escuchamos, que no leímos (faltaría más) el sábado en el 21.aten-tsu-bellasPero si bien no está hecha la miel para la boca del cerdo, la música de estos cinco chicos aunque difícil de componer (bueno, para ellos no. Para ti y para mi o dejándolo en para mi sola, la tira) no se hace difícil de escuchar. Sí, al principio el concierto me pareció un poco oscuro, un bastante desconcertante y un mucho inquietante pero de una manera guay, como el que prueba un sabor que no conoce y sabe que es importante probar más para apreciarlo. A medida que se sucedían los temas llegábamos a la parte que era, en esa noche, mi zona de confort: La Ira de Kaplan, El Algoritmo de la Noche y La Masía del Más Allá.

En directo me gustaron aún más. Esas canciones con sus ritmos bailables, sus estribillos pegadizos…sí, la hermosa zona en la que me siento en zapatillas. Pero además, una vez sacudida esa pereza, que en ningún caso el calor de la noche oscense me contagió (qué frío por Dios) y poniendo atención en sus letras, me di cuenta (sin ningún atisbo de asombro, sorpresa o estupefacción) que todo en ellas rezuma otra vez una “sencillez” interpretativa digna del mejor sarcasmo. Letras que describen un río Jordan que se cruza para llegar a una tierra prometida donde las calles son de oro, las farolas de chocolate y los ríos de café con leche (por supuesto, un café para todos…que también podemos hablar de la constitución aquí, ¿po qué no?, obviamente). Todo muy de troncharse. Y es que aunque lo niegue, aunque me resista, aunque luche con todas mis fuerzas, ese es el humor que me gusta y ese es el tipo de músicos que admiro. Los que con su talento, su inteligencia y su educación reparten cultura. Me caen bien y me suenan mejor. Aunque me supongan un esfuerzo y me hagan explorar fuera de la cómoda zona de confort.

Pues en eso consistió la noche. Poco más de diez temas en poco más de una hora. También hubo algun espontáneo a lo Kubrick, disfrazado de Alex DeLorge. Lo encontré muy adecuado, no se como decirlo. Simplemente, ese disfraz carnavalesco allí me pareció de lo más natural. A Mary Poppins ya no la vi tanto en la escena, pero creo que por ahí rondaba jubilosa. Música, carnaval y el esperpento. Una noche en el 21.

Volviendo al Tsunami, terminaré avisando que estáis de suerte, sino los conocíais (difícil, llevan más de diez años rodando, con Incendios, Paracaídas y Atención Tsunami) ahora tenéis la oportunidad de hacerlo. Con su tercer trabajo “Silencio en la Retaguardia” recién publicado bajo su propio sello, “Récords del Mundo”, empiezan gira por estas, nuestras y vuestras, tierras. Dios mediante yo volveré a verles el 9 de junio en mi ciudad, aquella que queda al otro lado del río Jordán pero en la que el café no es ni para todos ni siquiera para unos cuantos. A ver cuando no haya para nadie que pasará…pero que esperen al 9 de junio que quiero volver a disfrutar de esta gente.

FIN

Mercè Fajardo

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